miércoles, 23 de diciembre de 2015

EL CAMBIO ESTÁ EN TUS MANOS

Muchas veces se nos presentan situaciones donde podemos generar oportunidades de cambio y las desaprovechamos por pensar que nuestro intento o participación será insuficiente, en vano o no valdrá la pena, sin darnos cuenta de que un espíritu de cambio individual o colectivo siempre está allí esperando a que nos empoderemos de la situación.

Si las cosas no van bien, si nos encontramos pasando por problemas, adversidades, limitaciones, que no necesariamente sean individuales, sino se hagan comunes para un colectivo, debemos abrirnos a las posibilidades de cambio, con todas las ilusiones y pensamientos positivos que esto puede traer.

Algunas veces, por las experiencias vividas, pensar las cosas de forma positiva se nos hace imposible, porque ante la repetición de resultados negativos a nuestros esfuerzos anteriores nos volvemos fatalistas. Pero sembrar la semilla de la esperanza, del cambio, de generar un punto de inflexión donde las cosas comienzan a desarrollarse de una forma adecuada, es vital para darle la vuelta a una situación que nos genera limitaciones, desgaste o que sencillamente afecta de forma directa e indirecta nuestra calidad de vida.

Cómo podemos generar un cambio individual o colectivo:

A través de nuestra participación: Expresando por medio de los recursos que tengamos disponibles nuestro sentir, nuestro pensar. Nuestra opinión es valiosa, si no la exteriorizamos, si no participamos, se pierde en el vacío.

A través de la esperanza: Pensar desde nuestros miedos o pensar desde la fe es lo que marca la diferencia entre la angustia y la esperanza, pensar que se puede tener una vida mejor, que se puede recuperar lo perdido, que se puede revertir un proceso destructivo desde el amor, la solidaridad, el sentido de pertenencia, nos hace transitar por el camino de la esperanza y automáticamente nos coloca en línea con la prosperidad del universo. El miedo nos paraliza, nos hace pensar que los resultados no serán diferentes e inclusive que no vale la pena nuestro esfuerzo.

A través del empoderamiento: Saber que nuestro esfuerzo vale, que la suma de granitos de arena forman un desierto gigante, que es nuestra responsabilidad apostarle a un mejor futuro, no solo por nosotros, sino por todas las personas que se verían beneficiadas por un cambio.

A través de la apertura de consciencia: Es importante irradiar en nuestro entorno que todos somos capaces de generar un cambio, que todos se sientan conscientes de lo importantes que son dentro de sus diferentes procesos, que cada esfuerzo vale, que cada esperanza cuenta.

A través de la defensa de la opinión: Muchas veces las intenciones de cambo se ven vulneradas por quienes tienen mayor control de la situación apagando voces, callando opiniones, presionando, intimidando, etc. Cuando sentimos una necesidad de cambio, nadie debe transgredir nuestros derechos a expresarnos ni a defender nuestros puntos de vista.

A través del esfuerzo: Una vez iniciado un proceso de cambio es necesario trabajar para llegar a donde queremos estar, todo cambio genera cierta resistencia y nos saca de nuestra inercia y de nuestra zona de confort, que a veces no tiene nada de confortable, pero es lo que conocemos, por ello es necesario el esfuerzo para avanzar, para crecer y para estar mejor.

No dejemos pasar las oportunidades que tenemos de apostar por nuestro bienestar, no seamos simples espectadores de nuestra vida, seamos partícipes, responsables y conscientes de que cada uno de nosotros tiene en sus manos la posibilidad de trabajar por lo que quiere y de llegar a donde quiera llegar. Apostar por un cambio positivo nos abre horizontes, nos reconforta, nos da esperanza, nos sitúa en posición aventajada porque nos hace conscientes de que queremos transitar un camino más amable. Decidimos a diario cómo queremos crecer si a través del amor y la unión o a través del sufrimiento. Decide las cosas trascendentales de tu vida con consciencia.

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor,
la electricidad y la energía atómica: la voluntad
―Albert Einstein




martes, 22 de diciembre de 2015

BUSCA SER FELIZ SIN CUENTOS, NO UN CUENTO CON FINAL FELIZ

Los cuentos de princesas han hecho estragos en el inconsciente colectivo cuando hablamos de amor. No necesitamos comer perdices para ser felices ni que el cuento se acabe con un colorín, colorado. Tenemos que buscar ser felices sin cuentos, no un cuento con final feliz.

No. Lo que nosotros necesitamos es vivir felices a nuestra manera, forjar relaciones independientes, hacer nuestro el destino. No elegir príncipes azules ni princesas de mundos rosas, sino pincharnos con ellas. Con las rosas, quiero decir. Y que salga ampolla, pero que aprendamos que huelen bien pero que también pueden hacer daño.

Y es que ya son demasiadas las ilusiones que yacen (si se me permite la licencia) en “algún lugar de la Mancha”. Nos hemos caído del burro, el amor no es como Disney lo pintaba ni como los cuentos de hadas nos quisieron hacer creer.

Se te ha caído la corona, princesa

Se te ha caído la corona de tanto llorar, princesa. Los sapos no se convierten en príncipes. Nunca lo hicieron. Los príncipes ya no te llevan en volandas, ya no van a rescatarte del dragón ni te dan besos que te devuelven a la vida.

Las princesas tampoco son lo que eran o lo que “deberían ser”. Ellas ahora quieren ser ingenieras, no muñecas. Y si quieren ser muñecas, muchas quieren ser muñecas ejemplares. Fuertes, independientes, empoderadas.

Sálvate tú. Rásgate el vestido. Vuela con los pájaros y olvídate de madrastras y de carrozas encantadas. No te resignes y no aceptes tu destino, elige. Cuestiona tus perdices, no vivas de un cuento, busca ser feliz.

Cambia príncipe azul por lobo feroz

No tiene mucho sentido ser una mujer de porcelana, frágil y delicada. Volando con una escoba se ve todo mejor. Adiós a la candidez y a la inocencia, hola a la astucia, a la sagacidad y a la independencia emocional.

“Olvídate del príncipe azul, búscate un lobo feroz que te vea mejor, te escuche mejor y te coma mejor”
Raquel Sánchez Silva en “Cambio príncipe azul por lobo feroz”

Cambia los “me haces falta para respirar” por “me gusta respirar junto a ti”. No mueras hasta que venga el príncipe. Sé bruja, juega con los dragones, alimenta a los sapos y cocina en tus calderos las mejores pócimas de amor propio. Priorízate. Deshazte de las tinieblas.

Y tú, príncipe, deshazte de tu capa y de tu espada. No te hace falta pelear con el dragón ni rescatar a la princesa. No estás encantado, solo estás enamorado. Y también lloras, ríes y cantas. No eres de acero, eres de carne y hueso.

No, no tienes que salvar el mundo de los demás antes que el tuyo propio. También tienes derecho a detalles, a cuidados y a las emociones. Conviértete en lobo feroz y no reniegues de tus sentimientos. Las armaduras pesan, tú lo sabes bien.

No tienes que ir protegiéndote por la vida, permítete sentir y explorar. Rescátate tú y no te sientas obligado a ir de castillo en castillo, ni a cruzar los siete mares en busca de un casamiento y del beneplácito de reyes sobreprotectores.

No busquemos castillos encantados con mazmorras para los malos. No busquemos murallas ni llanuras coloreadas. Busquemos ojos que nos hagan sentir vértigo, que den la vuelta al corazón y que nos enamoren las sonrisas. Pero las sonrisas que nos crean.

Que los cuentos de hadas siempre tienen un final y no es eso lo que queremos, no queremos amores eternos enfundados en destinos mágicos ni en banquetes ni en perdices. Que lo que realmente nos hace felices es vivir a nuestro aire, llenos de libertad y con locura.

Por eso, no tenemos que buscar un cuento con final feliz, sino ser felices sin cuentos. Sin expectativas. Sin magos. Sin coronas. Sin sapos. Y que el único hechizo que conozcamos sea el del amor propio, porque solo así podremos exigirnos un camino de estrellas.




lunes, 21 de diciembre de 2015

QUIEN BIEN TE QUIERE TE HARÁ FELIZ

“Quien bien te quiere te hará llorar”. Es muy posible que a lo largo de tu vida hayas escuchado esta frase en reiteradas ocasiones. Y si bien es cierto que el refranero popular suele acertar la mayoría de las veces, en esta ocasión cabe la necesidad de reformular la expresión.

“Quien bien te quiere te hará feliz”. ¿Por qué razón deberíamos ofrecer sufrimiento y lágrimas a la persona que amamos? Esta idea, construida en realidad por el amor romántico, nos trae una vez más el concepto casi inevitable, de que amar es sinónimo de padecer.

Suele decirse que el amor es el sentimiento más irracional que existe: es pasión, locura y obsesión…Y como tal, el sufrimiento es parte inevitable de esta emoción tan humana y cegadora.
Teniendo en cuenta estas visiones tan clásicas sobre el concepto del amor y las relaciones afectivas, nos encontramos ante la prioridad de enfocar esta idea por nuestro bien, por nuestro equilibrio personal y emocional.

El amor nunca debe ser ciego, jamás deberemos lanzarnos a una relación con el corazón abierto, una venda en los ojos y con la autoestima en el bolsillo de la otra persona.

Es necesario construir un amor consciente, maduro y responsable. E importante no olvidar nunca que quien te ama no te hace daño. Quien te quiere con integridad y respeto, buscará hacerte feliz en cada momento.

El amor que sabe construirse día a día nos hace feliz

Piensa en el amor como una pequeña llama que encuentras… que te encuentra. Es un fuego que nos ilumina y reconforta, pero al cual,  hay que avivar cada día para que se mantenga, para que nos envuelva con más intensidad y perfección con su luz, con su calor, para que nos haga aún más feliz.

El amor debe darse con la madurez de dos personas que se sienten completas, que no ven sacrificios en sus renuncias sino actos sinceros que fortalecen el vínculo, que desplazan al ego para priorizar al conjunto: a la pareja.

Ten en cuenta que si aceptamos la idea de que amar implica tener que sufrir, seremos mucho más permisivos desde el principio a ciertas cosas, a ciertas renuncias, límites, manipulaciones y egoísmos.

Podemos preocuparnos por la otra persona, y sufrir por su bienestar si se da la circunstancia. No obstante, este tipo de sufrimiento no tiene nada que ver con el que por ejemplo, nos puede infringir nuestra pareja de modo voluntario.

Quien dice amarte hoy y mañana te deja para volver al cabo de los días, no te ama: te lastima.
El amor no son excusas, no son reproches ni ironías que buscan hacer daño con las palabras.
Nada de esto nos hace feliz, y nada de esto vendría de un corazón que sabe del respeto, que sabe lo que es el amor auténtico, maduro y responsable.

Amar es alegrarnos porque la otra persona exista. Querer a alguien es sentir alegría en el interior y buscar cada día la manera de hacer feliz al otro.

Me opongo a sufrir más en el amor

Sabemos que son muchos los que han decidido cerrar las puertas al amor porque están cansados de sufrir. Porque tienen el corazón lleno de heridas de la decepción, de huellas del desengaño y vacíos del desencanto.

Para amar de forma consciente y segura primero hemos de saber amarnos a nosotros mismos. Y aunque siempre valdrá la pena una soledad digna que una compañía de carencias, un nuevo  “te quiero” con otra voz más sincera valdrá la pena para curar los desengaños del ayer.
Todos tenemos nuestras espinas, nuestros pesares del pasado. No obstante, el amor es una aventura que siempre merecerá la pena en cualquier momento de nuestra vida. Para ello, es necesario que tengamos en cuenta estos aspectos:

- Debemos tener claro que en ocasiones el amor no es eterno. Por ello, cuida de no darlo todo a cambio de nada, atiende tu crecimiento personal, no relegues trabajos, sueños y amigos… No dejes atrás lo que te define, o en un momento dado, puedes perderlo todo.

- Ama sin depender: depende de ti mismo pero nunca dejes de construir el amor en cada detalle, de alentarlo en cada gesto, en cada palabra. Crea pero alienta tu autoestima, tu identidad…
- Ofrécete en libertad y con integridad, sin miedos, sin rencores del ayer, sin inseguridades que otros deban resolver por ti. Sé valiente y muestra coraje por aquello que quieres, y lo que quieres es ser feliz, no ser lastimado/a.

- No busques un amor perfecto o una relación ideal. No existe: la relación se edifica cada día, encajando tus esquinas con mis vacíos, tus asperezas con mis suavidades, mis sombras con tus luces…

- Amar de verdad implica crecer juntos en las dificultades, es querer y comprender, es sobrevivir con la amistad, disfrutar de la pasión y construir una complicidad sencilla, sin artificios ni falsedades.

Quien te ama no te lastima, ni se complace con tus lágrimas: porque quien bien te quiere te hará feliz.




sábado, 19 de diciembre de 2015

¿CUÁNDO DEBEMOS DEJAR MARCHAR A LAS PERSONAS QUE YA NO NOS APORTAN NADA?

Hay relaciones humanas que sus características están condenadas al fracaso. Da igual que hayan perdurado durante un largo tiempo, si de verdad creemos que esa persona no nos va a aportar nada en nuestra vida, lo mejor para ambas partes es dejarla ir. Esto no hay que tomarlo como un fracaso, sino como una forma de pasar página y mirar hacia delante con optimismo. Nadie nos va a quitar lo que ya hemos compartido y mantener la relación sí nos puede alejar de muchas cosas positivas en el futuro.

¿Les gustaría saber qué personas son ya ‘inútiles’ en sus vidas? A través del siguiente artículo les daremos una serie de consejos para identificarlas:

Ya nada es lo mismo

En muchas ocasiones, cuando conocemos a alguien resulta ser que tenemos todo tipo de conexiones y gustos parecidos. Sin embargo, con el paso del tiempo, puede ocurrir que ambas partes busquen cosas completamente diferentes. Esto no es que sea algo negativo; es una parte de más de nuestras vidas y de nada sirve agarrarse a algo que ya no tienen sentido mantener. Especialmente si la otra parte ya ha decidido marcharse.

No existe confianza ni lealtad

Cuando de verdad creemos en nuestro interior que ya no podemos confiar en la otra persona. ¿De qué nos sirve mantener la relación? Una de los pilares básicos de la amistad o el amor es la confianza y la sinceridad. Sin estos dos ‘ingredientes’ cualquier relación está destinada al fracaso y cuanto antes nos demos cuenta de ello pues mejor será tanto para nuestra autoestima como nuestra salud mental.

¿Qué busca cada una de las partes?

De nada sirve mantener una relación si cada una de las partes busca y quiere cosas distintas. Esto se puede extrapolar muy bien al ámbito de las relaciones. Si por ejemplo tú buscas una relación seria ya que estás enamorado/a pero la otra quiere una relación abierta sin ataduras, pues ya les digo que la relación está destinada al fracaso. De lo contrario, solo encontrarás dolor y decepción.

Nunca existe ningún tipo de acuerdo

Hay muchas relaciones (sobre todo de pareja) donde se las gastan casi todo el tiempo discutiendo. Si esto se convierte en algo completamente cotidiano, sería interesante hacerse la siguiente pregunta. ¿De verdad nos merece la pena estar en una continua confrontación? Esto solo nos servirá para malgastar nuestra energía en una persona que nos aporta más cosas negativas y positivas.

Eres el único que lucha para que funcione

Está muy bien eso de luchar por lo que uno realmente quiere, pero solo sirve si en verdad las dos partes están implicadas. Si vemos que somos nosotros los únicos que estamos luchando para que la relación funcione, habremos malgastado nuestro tiempo y ganas en alguien que ya no se merece estar con nosotros. Por esta razón, lo mejor es pasar página que seguro que vendrán personas mejores a nuestra vida.




viernes, 18 de diciembre de 2015

ME DESPIDO… ME SOBRAN LOS MOTIVOS PARA NO VOLVER

Cuando llegamos a un punto en el cual realizamos un balance y el resultado arroja que jugamos a pérdida, que ya no nos queda nada que aportar, que lo hemos invertido y perdido todo, lo más conveniente, lo más sano  es aceptar que no debemos hipotecar nuestro ser anclándonos a una situación que ya no tiene razón de ser…

Muchas veces por amor, por miedo, por esperanza, por resignación nos quedamos atados a un estado de vida que nos roba nuestras fuerzas, que nos hace respirar cortado, que nos hace brotar lágrimas de forma involuntaria, mientras probablemente nos cuestionamos: ¿Qué estoy haciendo todavía aquí?  Cualquier persona normal hubiese lanzado la toalla hace siglos, ¿y yo todavía estoy aquí? ¿Qué es lo que hace que yo permita para mi vida esta tortura? Llegamos a pensar inclusive que por la ley de causa y efecto, nuestras semillas de alguna forma han resultado desastrosas…

En fin, nos ahogamos en un vacío dolorosos, silencioso o no y alargamos la toma de decisión que nos liberará de toda la tortura que padecemos.

Decir adiós es crecer

Solo nosotros tenemos en nuestras manos la posibilidad de proveernos la vida que pensamos merecer, y esto es clave, puesto que someternos a situaciones de sufrimiento refleja nuestras creencias más profundas, cuáles son los conceptos que tenemos del amor, qué creemos merecer, cómo creemos que vamos a crecer como personas, cuál es el papel de la mujer en una relación, inclusive cómo fue la relación de nuestros padres, son parte de las creencias que determinan el tipo de relación que buscamos y atraemos.

A partir del momento en el cual nos demos cuenta de que nuestras relaciones buenas o malas las generamos a partir de lo que hemos construido en nuestra mente, podremos tomar decisiones que nos beneficien, empezando por alejarnos de situaciones que no nos favorecen y continuando con realizar un análisis de nuestro interior, intentando descubrir esas raíces, intentando descifrar nuestra mente y nuestros pensamientos, tratando de hacer que nuestra mente trabaje para nosotros y no en nuestra contra.

Si estamos sufriendo, si nos sentimos irrespetados, desvalorados, menospreciados, humillados, utilizados o en cualquier estado donde nuestro ser tambalee, debemos nosotros mismos darnos nuestro lugar, ¿qué lugar merecemos? Pues independientemente de lo que estemos creando, nos merecemos el mejor lugar posible, ese que nos genere paz, tranquilidad, que nos provea de amor, de caricias, de atención, de solidaridad, de espacio, de tiempo, donde crezcamos a través del amor… Eso es lo que merece cualquier persona en el mundo, nadie es la excepción.

Así que despídete de lo que te hace daño, dile adiós a eso que sabes que te hace sufrir, a lo que no alimenta tu espíritu y no te deja avanzar, a esa persona que ha dejado de apreciarte, a ese trabajo en donde te has estancado, a ese lugar al que sientes que ya no perteneces o peor aún al cual nunca perteneciste, dile adiós a todo pensamiento que vaya en tu contra, que justifique cualquier situación de dolor. Di adiós con la consciencia plena de que es lo mejor para ti y solo da vuelta para ver tu crecimiento, tu principal motivo, siempre debes ser Tú.




jueves, 17 de diciembre de 2015

NUNCA ES TARDE PARA HACER LO QUE AMAS

Los que más vetamos nuestro crecimiento personal somos nosotros mismos, ya sea por pereza o por miedo al fracaso, o a salir de nuestra zona de confort.

Hacer lo que amas te da fuerza, te define y te construye como persona, como alguien que es capaz de trazar su camino día a día, en libertad y plenitud.

Esto es algo que todos sabemos. Sin embargo, también tenemos claro que no siempre es fácil hacer lo que realmente queremos. El trabajo, las obligaciones familiares y, en ocasiones, hasta el peso de la rutina, nos ponen anclas a esos deseos internos.

En la vida hay que mantener un adecuado equilibrio. Jamás descuidaremos a los nuestros, a las personas que amamos, pero es importante recordar que también nosotros somos importantes.

Y que si dejamos de hacer aquello que nos gusta, poco a poco nos alejaremos de nuestra identidad…

¿Quién dice que es demasiado tarde para hacer lo que amas?

Es muy posible que en algún momento te haya pasado lo siguiente: Querer hacer un cambio en tu vida y que alguien, casi siempre un familiar cercano o un amigo, nos diga aquello de “ya eres demasiado mayor para algo así”.

Debes recordar que la única persona con derecho a decirse qué debe hacer o qué no debe hacer en cada momento eres tú mismo. Puedes escuchar las palabras de los demás con paciencia y respeto, pero la decisión es tuya.

La mejor edad es la que tienes ahora

No lo pienses dos veces. No existe una mejor edad o una edad en la que uno pierde el derecho de iniciar cosas nuevas. Nunca es tarde para lo que nos hace feliz, y eso debemos tenerlo siempre presente.

- La peor lamentación que podemos hacernos es llegar a la ancianidad siendo conscientes de que la nuestra ha sido una “vida no vivida”.

- Dicen que cada etapa de la vida tiene sus características y sus experiencias que vivir, que descubrir. De eso no hay duda, pero no por mucha experiencia acumulada vamos a dejar de “cargar aún más la mochila”. Cuanta más experiencia, más sabiduría, y mayor aplomo para seguir viviendo, para hacer lo que amas.

Los que nos dicen que “ya es tarde”
En ocasiones, cuando nos planteamos aquello de hacer lo que de verdad queremos o siempre hemos soñado, nos encontramos con algún que otro muro social.

Los muros sociales no son más que prejuicios, pensamientos limitantes y anclas al crecimiento personal ajeno.

- Ten en cuenta que quienes intentan vetar que hagas aquello que deseas pueden ser las personas más cercanas a tu círculo social, y lo hacen porque temen perderte, temen que rompas ese vínculo que tienes con ellos para salir de su zona de control.

- Puede que sueñes con un viaje, o con estudiar esa carrera o, simplemente, priorizarte un poco más cada día apuntándote a cursos, saliendo un poco más y quedando con amigos.

- Hacer lo que amas no siempre se traduce en cambios extremos. De hecho, la mayoría de las veces son actos cotidianos que nos dan la felicidad.

- Los que nos dicen que ya es tarde, atacan nuestra autoestima. Nos hacen creer que nuestro tren ha pasado y que la vida, para nosotros, se reduce a soñar con lo que pudo haber sido y nunca fue. No lo permitas.

Hacer lo que amas sin provocar daños a otras personas

La clave es tan sencilla como esta: Puedes hacer aquello que desees, siempre y cuando tus actos no dañen a las personas que quieres.

¿Cómo se traduce esto? Debemos tener en cuenta que a veces, pequeños actos pueden traer consecuencias no deseadas. No se trata, por ejemplo, de querer dar la vuelta al mundo gastando todos los ahorros del hogar. Ni aún menos descuidar a nuestros hijos. Todo tiene su equilibrio.

Hacer lo que amas en libertad, en plenitud y con ello beneficiar a otros es lo mejor que puede haber. Piensa, por ejemplo, en las personas que, por fin, vuelven a la universidad para conseguir esa formación con la que siempre soñaron.

Algo como esto nos enriquece por dentro, nos hace sentir orgullosos. Y alguien que se siente bien consigo mismo puede hacer más felices a los demás.

Hacer lo que amas no debería ser complicado, y nadie debería ponerte muros, ni siquiera tú. Porque lo creamos o no, quienes más vetamos nuestro crecimiento personal somos nosotros mismos.

Estas son las formas en que lo hacemos:

- A través de las actitudes limitantes, pensando que somos demasiado mayores ya para ciertas cosas.

- Tener miedo al fracaso, a equivocarnos.

- Temer lo que otros puedan decir de nosotros al hacer aquello que deseamos en un momento dado.

- Pensar que no lo vamos a lograr, que no somos válidos ya para ciertas cosas…

Debemos ser valientes, tener coraje y recordar siempre que nunca es tarde para ser felices. Nunca es tarde para volver a amar, para hacer un viaje o para adquirir nuevas competencias.

Siempre que la ilusión sea fuerte, te acompañe la salud y el optimismo, nada ni nadie debe ponerte límites.