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miércoles, 24 de septiembre de 2014
martes, 23 de septiembre de 2014
SIN AZÚCAR LAS CÉLULAS CANCEROSAS MUEREN
Ángeles Castell
Descubierto el mecanismo que vuelve a las células tumorales
adictas al azúcar. La captación de glucosa alimenta la proliferación de los
cánceres. El proceso de ‘limpieza del ADN’ ofrece una diana contra el cáncer.
Si algo caracteriza a las células tumorales es su
crecimiento descontrolado. Y, para ello, necesitan mucha energía. Para
conseguirla, las células tumorales captan toda la glucosa que pueden. Este
fenómeno se descubrió en 1927, y se llamó efecto Warburg. Pero, hasta ahora,
nadie había explicado cómo se originaba el proceso. Lo ha hecho el equipo del
Instituto de Investigaciones Biomédicas de Bellvitge (Idibell) que dirige Manel
Esteller, y lo publica Nature Communications.
“Estábamos buscando genes que no funcionaban en las células
tumorales y encontramos uno alterado, pero desconocíamos cuál era su acción.
Descubrimos que era el gen responsable de eliminar el exceso de receptores de
glucosa”, explica Esteller en una nota. Cuando se inhibe, esos receptores (proteínas
que están en la superficie de las células que se dedican a pescar la glucosa en
el torrente sanguíneo) se multiplican, y se dedican a alimentar la voracidad de
los tumores. “La célula inactiva al gen que debería degradar al receptor de
glucosa en condiciones sanas y al dejar de hacerlo, ese tumor tiene una
superactivación de este receptor que capta todas las moléculas de glucosa de su
alrededor y las usa para obtener energía rápida para proliferar”, añade
Esteller.
El proceso es muy poco eficiente (la energía celular se
obtiene de otras moléculas, como el ATP, que se reciclan fácilmente), y puede
ser una causa del debilitamiento y adelgazamiento de las personas con cánceres,
ya que las células tumorales consumen un nutriente básico para otros procesos
(entre otros, los neuronales).
El trabajo es el segundo que se publica de forma consecutiva
con la misma característica: no es específico para un tipo de tumor. Ayer hubo
otro, en Nature, que describía un proceso de limpieza del material genético como
posible diana de los tratamientos oncológicos. El objetivo de este trabajo es
similar: “La parte interesante para futuros tratamientos es que si usando
fármacos le quitamos esta fuente energética, el tumor muere porque no puede
adaptarse fácilmente a usar otros sustratos para obtener energía para
sobrevivir”, dice Esteller.
EMILIO DE BENITO
Fuente: elpais.comlunes, 22 de septiembre de 2014
LIMPIEZA DE COLON CASERA
Ángeles Castell
¿Por qué motivo deberíamos aplicarnos una limpieza de colon?
Por el colon, transitan todos los días restos fecales y
siempre quedan restos adheridos a la mucosa. Con el tiempo puede llegar a
formarse una auténtica cascara de restos fecales pegados a la mucosa
intestinal. Todos lo sabemos pero no hacemos demasiado caso a esto, que con el
tiempo puede llegar a convertirse en un grave problema de intoxicación,
afectando al hígado y la sangre. Por ese motivo debemos valorarlo y aplicarle
una solución. Una de las funciones primarias del colon es recuperar el agua de
la digestión y cursar el bolo fecal en estado sólido. Para hacer la digestión
utilizamos de hecho casi cinco litros de agua que obtenemos con la que
ingerimos al beber pero también con el agua presente en la comida
-especialmente en frutas y verduras ya que en un 90-95% son agua- y en los
jugos gástricos (hasta dos litros y medio). Todo ello sirve para hacer una gran
sopa, emulsionar las grasas y micronizar los minerales y oligoelementos para
que el intestino delgado lo absorba luego todo. Lo que llega pues al colon son
sólo los restos no nutritivos, los restos fecales, si bien el organismo -que
todo lo aprovecha- recupera el agua deshidratando para ello el bolo fecal.
Entonces para ayudar al intestino grueso a limpiarle de los
deshechos adheridos, podemos hacernos una limpieza de colon casera, combinando
la ingesta de áloe vera con una lavativa de agua templada. La idea es que ingieras durante una semana zumo de áloe vera
para ayudar a desprender los restos adheridos y luego te aplique la lavativa
con agua templada. Basta entonces meterse un par de litros de agua
templada/caliente para que el colon quede limpio.
El resultado será que al tener el colon libre de adherencias
intestinales, se podrán absorber mejor los nutrientes y además nos libraremos
de restos que intoxican nuestra sangre y estropean nuestro hígado.
domingo, 21 de septiembre de 2014
RELACIÓN EMOCIONAL: EL DOLOR
Ángeles Castell
Cualquier sea el dolor, está vinculado a un desequilibrio de
orden emocional o mental, a un sentimiento profundo de culpabilidad o de pena.
Es una forma de angustia interna y, al sentirme culpable de haber hecho algo,
de haber hablado o incluso de haber tenido pensamientos “malsanos” o
“negativos”, me castigo manifestando inconscientemente un dolor de intensidad
variable. La pregunta por plantear es: ¿Soy realmente culpable? ¿Y de qué? El
dolor vivido actualmente sólo disimula la causa verdadera: la culpabilidad. Mis
pensamientos son muy poderosos y debo mantenerme abierto para identificar bien
estas culpabilidades. No debo evitarlas, sino afrontarlas, porque son miedos
que deberé integrar pronto o tarde. El dolor en los huesos indica que la
situación me afecta en lo más hondo de mi ser, mientras que en los músculos, es
más un dolor de nivel mental. El dolor me “conecta” instantáneamente y me
obliga a sentir lo que sucede en mi cuerpo. En un sentido, es positivo
porque me permite “conectarme” conmigo
mismo, como alma y de volverme consciente. Cuando el dolor es crónico, esto
significa simplemente que, desde la aparición del dolor, no me he encarado con
la verdadera causa de este dolor. Cuanto más tardo en tomar consciencia de él,
más vuelve regularmente el dolor hasta hacerse “crónico”. Es importante que
acepte comprobar el origen de mi dolor y que me mantenga abierto para resolver
la verdadera causa de mi dolor. El lugar donde está ubicado el dolor me da
indicaciones sobre la auténtica causa de éste.
jueves, 18 de septiembre de 2014
TENEMOS OTRO CEREBRO EN EL ABDOMEN QUE SE ENCARGA DE LAS
EMOCIONES
Ángeles Castell
Un “segundo cerebro” funciona en el abdomen y regula
emociones. Su red neuronal no elabora pensamientos, pero influye en el estado
de ánimo y hasta en el sueño. Que se use la palabra “entripado” para referirse
a un enojo podría no ser del todo metafórico.
Que el estómago “se cierre” en una situación estresante o
que parezca poblado de mariposas ante el amor también tendría una explicación
científica. El aparato digestivo está tapizado por una red de neuronas (células
nerviosas) de tan amplio alcance que algunos científicos la han denominado
“segundo cerebro”.
Ese cerebro, según estudios científicos recientes, influye
en nuestro estado de ánimo, carácter y hasta en el ritmo de sueño.
Michael Gershon,
investigador de la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos, y autor de “El
segundo cerebro” (The Second Brain), un libro de referencia en las
investigaciones sobre el tema, explica que, conocido técnicamente como sistema
nervioso entérico, el segundo cerebro está compuesto por capas de neuronas
ubicadas en las paredes del tubo intestinal, y que contiene unos 100 millones
de neuronas.
El pequeño cerebro
que tenemos en las entrañas funciona en conexión con el grande, el del cráneo,
y en parte, determina nuestro estado mental y tiene un papel clave en determinadas
enfermedades que afectan otras partes del organismo.
Además de neuronas,
en el aparato digestivo están presentes todos los tipos de neurotransmisores
que existen en el cerebro. De hecho, el 95 por ciento de la serotonina, unos de
los neurotransmisores más importantes del cuerpo, se encuentra en el intestino.
Sin embargo, aunque
su influencia es amplia, se deben evitar confusiones: el segundo cerebro no es
sede de pensamientos conscientes ni de toma de decisiones.
Como puede leerse en
una nota publicada por la revista de divulgación científica Scientific American,
gran parte de la potencia neurológica del segundo cerebro se concentra en la
ardua tarea diaria de la digestión.
Emeran Mayer,
profesor de Fisiología, Psiquiatría y Ciencias del Bio-comportamiento de la
Universidad de California, le dijo a esa publicación que una gran parte de
nuestras emociones probablemente se vea influida por los “nervios de los
intestinos”.
En el mismo sentido, Gershon afirma que el bienestar
emocional cotidiano quizá también dependa de mensajes que el cerebro intestinal
envía al cerebro craneano.
Guido Iantorno, jefe
de la Unidad de Motilidad Digestiva del Hospital Bonorino Udaondo, le explicó a
Clarín que, aunque de modo indirecto, a través del eje cerebro-intestinal, el
sistema nervioso entérico puede influir en situaciones emocionales y en otros
síntomas como la hipersensibilidad al dolor.
Cuenta Iantorno que
mediante tomografías computarizadas por emisión de positrones pudo comprobarse
que, ante un estímulo en el intestino, en las personas con afecciones
funcionales del aparato digestivo reacciona un sector del cerebro diferente del
que reacciona en personas sanas.
“Esto significa que la corteza cerebral responde de
diferente modo si se padece, por ejemplo, el síndrome de colon irritable”, dice
Iantorno.
Algunos científicos
piensan que en un futuro, algunos padecimientos intestinales podrían tratarse
con terapias aplicadas a nivel neuronal.
De hecho, el síndrome
de colon irritable en parte deriva de un exceso de serotonina en el intestino,
y quizá podría ser considerado una “enfermedad mental” del segundo cerebro.
Los trabajos de Mayer
con el sistema nervioso del intestino lo han llevado a pensar que, en los
próximos años, la psiquiatría tendrá que ampliar su alcance para tratar el
segundo cerebro además del que está sobre los hombros.
Consultado por Clarín
vía correo electrónico, el científico Michael Gershon contó que ahora se sabe
además que en el intestino hay células madre adultas que pueden reemplazar a
las neuronas que mueren o son destruidas.
Además, afirmó
Gershon: “El sistema nervioso entérico le habla al cerebro y este le responde. El intestino puede afectar el humor, y la
estimulación del nervio principal que conecta al cerebro con el intestino (el
vago) puede ayudar a aliviar la depresión, y es usado para tratar la
epilepsia”.
Para Gershon, el segundo cerebro tiene un papel en la
mayoría de las cosas que enferman al intestino, desde el síndrome de colon
irritable hasta las enfermedades relacionadas con la inflamación del intestino.
“Uno no puede vivir sin su sistema nervioso entérico. Hasta la constipación de la tercera edad es un
problema del segundo cerebro. Necesitamos saber más sobre él para tener
mayor información sobre cómo abordar muchos de los males más comunes de la
humanidad”, le dijo el experto a Clarín.
Tenemos dos cerebros:
el de la cabeza y el del estómago.
El estómago es una
red extensa de neuronas (100 millones) interconectadas. Su estructura neuronal
posee la capacidad de producir y liberar los mismos neurotransmisores, hormonas
y moléculas químicas que produce el cerebro superior.
En nuestro sistema
digestivo se produce y almacena el 90% de la serotonina de nuestro cuerpo; su
función es esencial: absorción, aporte nutricional y movimientos musculares. Es
la misma serotonina que en un 10% se crea en nuestro cerebro superior y de la
que depende nuestro bienestar.
La famosa hormona de
la felicidad la tenemos en el estómago, por eso debemos escuchar más al sistema
digestivo. De cómo sintamos nuestras tripas depende nuestro ánimo. Si
aprendemos a escuchar sus señales estaremos más sanos, perceptivos y
equilibrados.
Desde la digestión
podemos influir en nuestras emociones. Hay una relación continua de intercambio
de información entre los dos cerebros. Un ejemplo: un estreñimiento crónico
puede suponer una falta de serotonina, nos convierte en pesimistas y baja la
libido.
Al cuidar tu
estómago, puedes mejorar tu estado de ánimo. Si empiezas a reconectar, sentir,
entender lo que te sienta mal, ser consciente de lo que comes y cómo, en quince
días notas un cambio. La gente que escucha sus tripas, se hace masajes y sabe
comer, transmite más equilibrio, comprensión, paciencia y son más intuitivos.
Si mimamos y
relajamos el abdomen nuestras neuronas estomacales producen benzodiazepinas,
las moléculas que usamos como ansiolíticos para relajar e inducir el sueño y
para descontracturar músculos. Hay muchas sustancias químicas que nosotros
producimos y que si no somos capaces de liberar, manifestamos depresión,
ansiedad o cansancio crónico.
Para liberarlas
podemos comenzar con pequeños cambios: comer bien y con paz. Ir al baño sin
prisa, unos 15 minutos. Nuestro intestino se mueve un centímetro al minuto, es
una ola de movimiento muscular lenta, tranquila y equilibrada, hay que
respetarlo. Es muy beneficioso hacer un automasaje en la tripa, movimientos muy
suaves empezando por el lado derecho y avanzando en el sentido de las agujas
del reloj; eso relaja el sistema digestivo. Hacer diariamente diez minutos de
estiramientos.
A media tarde, cuando
aparece el cansancio, respirar con la barriga durante diez minutos. Un vaso de
agua caliente en ayunas con unas gotitas de limón o menta activa la función
muscular del estómago, vesícula e intestino. De vez en cuando un fin de semana
de depuración a base de batidos de verduras es aconsejable. Y ejercicio
regular.
Del sistema digestivo
también depende nuestra piel. Nuestro sistema digestivo representa el 70% de
las defensas. Si uno come mal, tiene mucho estreñimiento o gastroenteritis,
infecciones, o toma muchos antibióticos, se trastorna todo el tráfico, es decir
la función de filtrar, defender, eliminar y absorber.
Cuando este sistema
depurativo, el más grande del cuerpo, funciona mal, otro órgano, como la piel,
coge su función. Las consecuencias son dermatitis, psoriasis, acné, piel
atópica, manchas… síntomas cuyo origen en un 80% es intoxicación interna.
Hay una conexión
directa entre el envejecimiento precoz y procesos degenerativos tanto de piel y
articulaciones con la salud del estómago. Ya lo estudió Iliá Mechnikov, premio
Nobel de Fisiología y Medicina en 1908, la fermentación pútrida en el intestino
es la razón principal del envejecimiento precoz. Y el estreñimiento y la
putrefacción proteica están vinculados al desarrollo del cáncer y a los procesos
degenerativos sistémicos prematuros. Si la célula está bien nutrida e hidratada
y mantiene adecuadamente el proceso de eliminación y desactivación de las
toxinas y de los radicales libres, puede estar joven y activa durante mucho
tiempo.
Con la vida que
llevamos (sedentaria, estresada, alimentación cuya calidad no está muy
controlada…) no eliminamos todo lo que ingresamos y por tanto absorbemos
toxinas, sufrimos putrefacción, inflamación, intoxicación y bajan las defensas.
Un tratamiento para el colon una vez al año es muy recomendable.
Es recomendable que
de vez en cuando, durante un mes, se retiren de la dieta trigo, azúcar, lácteos
y alcohol; y fuera cereales, salvo arroz, avena y algo de centeno.
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