Bienvenido Welcome Herzlich willkommen
sábado, 8 de octubre de 2016
viernes, 7 de octubre de 2016
ENTRE LA NIÑEZ Y LA VEJEZ HAY UN INSTANTE
LLAMADO VIDA
No podemos permitir que
las preocupaciones del pasado o del futuro nos impidan vivir el momento
presente. Es importante que nos concienciemos del aquí y el ahora y los
disfrutemos al máximo.
A veces se
nos olvida que la vida son instantes enfrascados en suspiros que asumimos en
forma de tropiezos y, como consecuencia, de aprendizajes. La verdad es que no
es fácil detenerse a pensar cuando cientos de preocupaciones y de cosas por
hacer se agolpan en nuestra mente cada día.
Así, llega
el momento en el que cumples los 40 o los 50 años y te das cuenta de que te
encuentras entre dos generaciones que evidencian lo efímera que es la vida.
Entonces echamos a correr en busca de unas condiciones vitales que nos permitan
aprovechar cada instante.
No obstante, la
experiencia nos ofrece la oportunidad de poder conciliar las diferentes esferas
de nuestra vida, dejando de preocuparnos por aquello que pasó y por lo que
pasará para así poder centrar nuestra atención en disfrutar de lo que está
aconteciendo.
El peso de nuestra vida
“¿Sus vidas cuánto
pesan? Imaginen por un segundo que llevan una mochila. Quiero que noten las
correas sobre los hombros, ¿las notan?
Ahora quiero que la
llenen con todas las cosas que tienen en sus vidas. Empiecen por las que hay en
los estantes y los cajones, las tonterías que coleccionan. Noten cómo se
acumula el peso.
Ahora cosas más
grandes: ropa, pequeños electrodomésticos, lámparas, toallas, la tele… La
mochila ya pesa. Ahora, cosas más grandes: el sofá, la cama, alguna mesa…
Métanlo todo dentro: el
coche, la casa, un estudio o un apartamento de dos dormitorios. Quiero que
introduzcan todo eso dentro de la mochila. Intenten caminar. Es difícil, ¿no?
Pues esto es lo que
hacemos con nuestra vida a diario. Nos vamos sobrecargando hasta que no podemos
ni movernos. Y no se equivoquen, moverse es vivir.
Ahora voy a prenderle
fuego a esa mochila. ¿Qué quieren sacar? ¿Las fotos? Las fotos son para la
gente que no puede recordar, tomen gasolina y quémenlas. Es más, dejen que se
queme todo e imagínense despertando mañana sin nada. Resulta estimulante, ¿no
es así?
(…)
Tienen otra mochila.
Solo que, esta vez, deben llenarla con personas. Pueden empezarla con los
conocidos: amigos de amigos, la gente de la oficina, y luego pasen a las
personas a las que confían sus secretos: sus primos, tíos, tías, hermanos,
hermanas, sus padres y, por fin, su marido o su mujer, su novio o su novia.
Métanlos en la mochila.
Sientan el peso de la mochila. Puedo asegurarles que sus relaciones son la
carga más pesada de su vida. ¿No sienten un peso clavándose en sus hombros?
Todas esas negociaciones, discusiones,
secretos y compromisos… No necesitan
cargar con eso.
¿Por qué no dejan la
mochila? Hay animales que viven cargando con otros en simbiosis toda su vida.
Amantes sin suerte, cisnes monógamos… No somos esos animales. Si nos movemos
despacio morimos rápido. Nosotros no somos cisnes, somos tiburones”.
-Bingham, en Up in the
air-
Esta
alegoría nos sirve para ejemplificar algo que nos cuesta ver: cargamos
demasiado a nuestras espaldas. Algunas cosas son necesarias y de otras nos
deberíamos deshacer, pues solo deberíamos llevarlas con nosotros temporalmente.
Además,
parte del peso que llevamos deberíamos cargarlo al corazón, pues cada
obligación se aligera cuando la aceptamos y le encontramos su sitio. Este tipo
de peso está constituido por los sentimientos, las emociones y las personas.
Lo que queremos decir es
que no somos responsables de que nuestras emociones aparezcan, pero sí de cómo
las aceptamos y manejamos. De la misma forma, las personas no constituyen una
carga que nosotros debamos llevar.
Somos especialistas en cargar en exceso nuestra mochila, por lo que
resulta realmente complicado hacer una limpieza de su contenido. De vez en
cuando deberíamos seleccionar lo que queremos en nuestra vida y lo que no,
evitando así que las piedritas se conviertan en pedruscos.
La vida no es estabilidad, es saber andar en equilibrio
Aunque en ocasiones tengamos la sensación de retroceder, simplemente
lo que ocurre es que nuestra vida está cambiando a cada segundo. A veces nos
gustan los cambios y otras no, pero todo esto forma parte del equilibrio.
Nuestra vida es una danza entre la fortuna y la desventura. Por eso,
debemos aceptar que la noche y el día, la alegría y la tristeza y la
estabilidad y el cambio serán siempre parejas de baile.
La vida nos susurra de manera constante que confiemos, pues de todo
aprendemos y con todo crecemos. Paradójicamente, en la adversidad es cuando nos
hacemos gigantes, a pesar de que en esos momentos nosotros nos vemos mucho más
pequeños y vulnerables.
Para sumar vida a los años no hay edad
Para llenarte de fuerza no hay límites temporales. Ese instante que
llamamos vida nos permite mirar con serenidad a nuestro alrededor y gritar sin
miedo nuestros temores. Solo de esta manera lograremos hacer lo que deseamos,
pues el único fracaso es no vivir.
Se trata de convivir con las arrugas y con la sabiduría que nos aporta
el paso de los años. Nuestros surcos son el reflejo de nuestros aprendizajes y
experiencias, de las flechas que nos hirieron de manera inesperada y de las
asas de nuestra mochila.
No dejes que los miedos
frenen tu vida. Atesora instantes y viaja con tus deseos a las espaldas. Nunca
renuncies a la vida que quieres vivir.
Fuente:http://mejorconsalud.com/la-ninez-la-vejez-instante-llamado-vida/?utm_source=facebook&utm_campaign=LMEM.ES&utm_medium=post
jueves, 6 de octubre de 2016
NINGUNA RELACIÓN ES EQUIVOCADA, TODAS NOS
APORTAN LO QUE NECESITAMOS
Ojalá todo
en la vida saliera según lo planeado, según lo deseado, en el momento justo y
preciso que se espera ocurra, pero sería demasiado ficticio. Todo pasa por razones que incluso llegamos a
olvidar, los efectos vienen y no nos ocupamos de buscar ni entender la causa,
simplemente nos ahogamos en el efecto, para bien o para mal, demasiada dicha o
infelicidad, solo vivimos del efecto.
Las personas
suelen convertirse en el reflejo de sus vivencias, sus experiencias van
forjando su carácter e incluso transforman su manera de ver la vida y si en
definitiva nos quedamos identificados con las situaciones o las actitudes que
no nos gustan de nuestra pareja, sin buscar mirar en profundidad la verdadera
razón, probablemente terminemos tratando de transformar constantemente nuestra
relación, o en un verdadero fracaso.
La pareja no
siempre viene en un lazo, con bombos y platillos como toda una sorpresa
maravillosa, olvidamos que son seres humanos, individuos que al igual que
nosotros llevan una vida, intentan construir algo que les proporcione
seguridad, tranquilidad o la tan anhelada felicidad, no llegaron a nuestra vida
simplemente para acabar con nuestra soledad, para tener hijos, para mejorar el
presupuesto o en el peor de los casos para darnos problemas… son personas,
vidas, que tienen un camino igual que el nuestro.
Debemos ser
conscientes de que siempre veremos defectos en nuestra pareja, cosas que nos
desagradan o que nos tientan a tener que cambiarlos, pero realmente esto es un
daño seguro a la relación, la pareja siempre es un regalo, una oportunidad de
crecer, de enfrentar, de aprender y de ser mejores personas a través de
nuestras vivencias, la pareja nos brinda la oportunidad de desarrollar la
paciencia, la tolerancia, pero especialmente la aceptación, la aceptación de
los demás sin pretender cambiarlos.
Valora lo
que eliges para tu vida, si sientes que estás en un punto donde nada valdrá
hacer para mejorar la relación, porque sencillamente no pudieron o no lograron
llegar a un punto de flexibilidad, entonces toma la determinación y ten la
voluntad de detener las cosas, dejar ir y prepararte para recibir el regalo que
se presentará en tu vida y si miras con atención te darás cuenta de que aunque
pienses que perdiste tu tiempo en la relación pasada, por más tortuosa que
pueda ser siempre hay una gran enseñanza, considerando además que el
sufrimiento es un maestro mucho más rápido que la propia alegría.
No lamentes
lo que tienes, no desprecies a las personas porque simplemente no llenan tus
expectativas, si no es lo que buscas pues debes permitirle hallar su propia
felicidad y date la oportunidad de hacer lo mismo, pero si no sientes que tu
pareja es un regalo por todo lo que has logrado ser gracias a él, entonces no
podrás valorar la relación.
Agradece
cada relación que has tenido en tu vida, cada momento, cada circunstancia,
porque te han hecho quien eres y te han dado la intensidad de la vida, la
pareja es un compañero, una persona que elegimos y nos elije para compartir su
tiempo, para aprender y para ser, entonces recibe como un regalo aunque no
venga con lazo, pues la vida no se compone únicamente de momentos mágicamente
felices, esto es lo que la hace verdadera y fascinante, que el dolor y el
sufrimiento forman parte importante de ella, porque nos recuerda que existen
los defectos en la medida en la que los consideramos como tales.
Ámate y ama
a tu pareja, vívelo y dale la oportunidad de que se hagan felices, esto es un
don, una virtud que nadie puede negarte.
Fuente: http://www.diapordiamesupero.com/2016/10/ninguna-relacion-es-equivocada-todas-aportan-lo-que-necesitamos.html
martes, 4 de octubre de 2016
lunes, 3 de octubre de 2016
5 HERIDAS EMOCIONALES DE LA INFANCIA QUE
PERSISTEN CUANDO SOMOS ADULTOS
Es bastante
común, por desgracia, que nuestra salud emocional esté dañada desde la
infancia. A menudo no somos conscientes de qué es lo que nos bloquea, lo que
nos da vértigo o lo que nos provoca temor.
En gran
parte de estos casos, el origen está en lo aprendido cuando éramos niños, esas
heridas que nos han ocasionado nuestras primeras experiencias con el mundo y
que no hemos podido sanar.
Las heridas emocionales
son experiencias dolorosas de la niñez que conforman nuestra personalidad
adulta, quiénes somos y cómo afrontaremos las adversidades.
Debemos de
hacernos conscientes de ellas y, por tanto, evitar maquillarlas, pues, cuanto
más tiempo esperemos a sanarlas, más profundas se harán. El miedo a revivir el
sufrimiento que nos causaron hace que nos pongamos cientos de máscaras que solo
dificultarán nuestro movimiento por la vida. Eso es, precisamente, lo que
tenemos que evitar.
Traición,
humillación, desconfianza, abandono, injusticia… Son algunas de las heridas que
Lisa Bourbeau nos señala en su libro Las cinco heridas que impiden ser uno
mismo. Veamos a continuación cómo podemos identificarlas:
1. El
miedo al abandono
El desamparo
es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Imagínense lo
doloroso que tiene que ser para un niño sentir el miedo de estar solo, aislado
y desprotegido ante un mundo que no conoce.
Como
consecuencia, cuando el niño desamparado sea adulto, intentará prevenir el
hecho de volver a sufrir el abandono. Por lo tanto, quien lo haya padecido,
tenderá a abandonar tanto a sus parejas como a sus proyectos de forma temprana.
Esto responde, única y exclusivamente, al temor que le ocasiona revivir aquel
sufrimiento.
Es muy común
que estas personas hablen o piensen de esta forma: “Te dejo antes de que tú me
dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas,
no vuelvas…”.
Estas
personas tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser abandonados
y su rechazo al contacto físico (abrazos, besos, contactos sexuales…). Esta
herida no es fácil de curar, pero un buen comienzo para cicatrizarla es
afrontar el temor a quedarse solos hasta que fluya un diálogo interior positivo
y esperanzador.
2.
El
miedo al rechazo
Esta herida
impide que aceptemos nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras
vivencias.
Su aparición
en la niñez está ocasionada por el rechazo de los progenitores, de la familia o
de los iguales. El dolor que se genera por esta herida impide una construcción
adecuada de la autoestima y del amor propio de la persona que lo padece.
Genera
pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno
mismo.
Ese niño
rechazado no se siente merecedor de afecto ni de comprensión y lo que le hace
aislarse por temor a volver a experimentar este sufrimiento.
Es probable que el
adulto que fue un niño rechazado sea una persona huidiza. Por esta razón, se
deben trabajar los miedos internos que generen situaciones de pánico.
Si es tu
caso, ocúpate de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo.
Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo
personal que se olviden de ti en algún momento. Tú eres la única persona que
necesitas para vivir.
3.
La
humillación
Esta herida
se genera cuando sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos
crear estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o
unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás (algo que es,
tristemente, muy común). Esto, sin duda, destruye la autoestima infantil y, por
tanto, dificulta la posibilidad de cultivar un amor propio saludable.
El tipo de
personalidad que se genera con frecuencia es una personalidad dependiente.
Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de
defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.
Haber
sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra
independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y
temores, así como nuestras prioridades.
4.
La
traición o el miedo a confiar
Esta herida
se abre cuando personas cercanas al niño no cumplen sus promesas, haciendo que
se sienta traicionado y engañado. Como consecuencia, se genera una desconfianza
que se puede transformar en envidia y en otros sentimientos negativos, por no
sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.
Padecer
estos problemas en la infancia construye personalidades controladoras y
perfeccionistas. Son personas que quieren tenerlo todo atado y reatado, sin
dejar nada al azar.
Si has
padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad
de ejercer cierto control sobre los demás. Esto se justifica, frecuentemente,
por la presencia de un carácter fuerte; sin embargo, digamos que obedece a un
mecanismo de defensa, un escudo de protección ante el desengaño.
Estas
personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar, haciendo así que
se cumplan sus prejuicios. Tienen que trabajar la paciencia, la tolerancia y el
saber vivir, así como aprender a estar solos y a delegar responsabilidades.
5.
La
injusticia
El
sentimiento de injusticia entra en juego en hogares en los que los cuidadores
principales son fríos y autoritarios. Una exigencia excesiva genera
sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad
adulta.
Albert
Einstein sintetizó esta idea muy bien con su archiconocida frase “Todos somos
genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar un árbol, vivirá
toda su vida creyendo que es estúpido”.
Como
consecuencia, quien experimente este dolor, puede llegar a ser una persona
rígida que no admita medias tintas en ningún orden de su vida. Suelen ser
personas que intentan ser muy importantes y alcanzar un gran poder.
Es probable
que se haya creado un fanatismo por el orden, el perfeccionismo o, incluso, por
el caos. La cuestión es que son personas que radicalizan sus ideas y, por ello,
tienen dificultades para tomar decisiones con seguridad.
Para hacer
frente a estos problemas hay que trabajar la suspicacia y la rigidez mental,
con objeto de generar una mayor flexibilidad y permitir la confianza en los
demás.
Ahora que ya
conocemos las cinco heridas del alma que pueden afectar a nuestro bienestar, a
nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos
comenzar a sanarlas.
El primer paso, como
todo en la vida, es aceptar que las heridas están en nosotros, darnos permiso
para enfadarnos y, sobre todo, darnos tiempo para superarlo.
Fuente: http://mejorconsalud.com/5-heridas-emocionales-la-infancia-persisten-cuando-somos-adultos/
domingo, 2 de octubre de 2016
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