martes, 16 de mayo de 2017

LA GRANDEZA DE LAS PERSONAS ESTÁ EN LOS PEQUEÑOS DETALLES

La grandeza de una persona está en pequeños detalles que, en principio, pueden no parecer importantes. Los pequeños detalles moldean a las personas en acero inolvidable, las hacen únicas y excepcionales.

No se trata de personas que no tienen miedo a nada o que no han cometido errores, sino que son personas que siempre que pueden tienen una palabra de aliento, una mano amiga para tender, un buen pensamiento, una buena acción. En definitiva, son sus pequeños detalles los que marcan la diferencia.

Ellas entienden el valor de vivir y de compartir y no se acobardan por los sinsentidos de la sociedad. Digamos que, estas personas, echan el freno en el momento adecuado y reparan en que vivimos a demasiada velocidad.

No destruyen a los demás con sus críticas ni con sus expectativas, pues uno de los “pequeños detalles” que ponen en práctica es aceptar incondicionalmente al otro. No solo es que amen al mundo, es que lo respetan porque son parte de él.

El gran don de la sensibilidad

Haciendo gala de su gran sensibilidad, estas personas no solo sienten y piensan por ellos, sino por su entorno. Tienen una gran capacidad para empatizar, captar, proteger y lidiar con las emociones ajenas. Esto es lo que las hace grandes y bellas.

No es que se caractericen por una alegría infinita y contagiosa, sino que su forma de ser les permite observar cómo funciona el mundo y comprenderlo un poco mejor. Por eso, siempre tienen un momento para escuchar, para entender y para esperar. Algo que al común de los mortales no se nos da demasiado bien.

Nos empeñamos en acelerar y acelerar para llegar antes de tiempo. Pero, ¿de qué nos sirve tener unos minutos más si llegamos tan cansados a nuestro destino y nos olvidamos de que lo pequeño nos hace grandes?

Las personas hermosas son raras, no se distinguen por la cara, sino por el alma. Son personas valientes, personas sencillas por dentro y por fuera, personas que viven seriamente sus sentimientos y que valoran en la misma medida los de los demás.

Los pequeños detalles que nos hacen grandes

Todos somos únicos, sin embargo, ser grandes a la vez no es tan habitual. Son los pequeños detalles los que hacen grandes momentos, grandes rasgos y grandes personas. Se nos olvida fácilmente, pero es sencillo lograr que alguien se sienta especial. Os ofrecemos algunas ideas…

● Dar siempre los buenos días, las buenas tardes o las buenas noches. Es decir, dos palabras tan sencillas llevan consigo un gran respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Que alguien te desee lo mejor en el día es una gran privilegio.

● No mostrar una felicidad hipócrita. Es decir, no estar alegres y felices porque siempre hay que estarlo, sino que hay que aceptar las emociones y los sentimientos que reinen en cada momento.

● No respetar solamente las emociones propias, sino también las ajenas. Esto es muy importante. Pensad en cuántas veces alguien ha querido levantaros el ánimo de manera desacertada o cuántas veces os han dado una mala noticia sin preparaos para lo que venía y sin medir las consecuencias. Nuestras emociones no son cuestión de todo o nada, hay que tratarlas con cuidado y acompañarlas adecuadamente con el ritmo de su melodía.

● Las sonrisas a destiempo, la calidez de las palabras, las caricias y las declaraciones susurradas nos hacen sentir especiales. Así como la gente tóxica es especialista en echar a perder los días de los demás, las personas geniales suelen sacar sonrisas, haciendo que un día difícil se convierta en fácil. Porque, al fin y al cabo, hacernos sentir diferentes es lo que convierte a alguien en inolvidable.

● La grandeza de las personas no se mide por el dinero, por sus estudios o por su belleza. La grandeza de una persona se mide por la lealtad de su corazón y la humildad de su alma. Y, a pesar de que la vida pueda separarte de estas personas, te convertiste en alguien mejor desde que las conociste y eso es para siempre.

Desde luego que lo que se cuenta aquí son cosas comunes, pero es que no cabe duda de que esos son los pequeños detalles de la vida en los que se conoce a la grandes personas.


Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/la-grandeza-de-personas-esta-en-los-pequenos-detalles/


martes, 9 de mayo de 2017

PERDONAR ES LIMPIAR LOS DESECHOS QUE OTRA PERSONA DEJÓ EN NOSOTROS

Perdonar, se dice tan sencillo y a veces cuesta tanto trabajo, puede resultar una ardua labor, con todo y que sepamos qué es lo mejor para nosotros, que somos los mayores beneficiados, que nos liberaremos de sentimientos negativos que podemos sustituir por positivos… Pero cuánto trabajo nos puede costar perdonar realmente, de corazón…

Cuando sentimos que alguien nos ha lastimado, cuando han lastimado a alguien que queremos, cuando presenciamos o vivimos injusticias, cuando somos traicionados, cuando nuestro corazón se entristece y se arruga como una pasa porque alguien lo desvaloró, maltrató o realizó cualquier acto donde nos sentimos vulnerados, se genera en nosotros de forma casi inevitable un sentimiento de rencor, de dolor al recordar, de impotencia o de culpa.

Debemos hacer un esfuerzo del tamaño necesario para no cargar con ese peso a nuestras espaldas, el perdonar de corazón nos libera, nos permite soltar algo que nos hace daño, algo que nos pone en sintonía con el dolor. Perdonar no significa hacer las paces con quien sentimos que nos ha agredido, tampoco es restarle importancia a eso que nos lastimó. Es reacomodar nuestros sentimientos en pro de nuestro bienestar, es darnos mayor importancia a nosotros que a nuestro agresor.

Perdonar es amarnos más a nosotros de lo que despierta en nuestro ser el recuerdo de lo que nos lastima. Perdonar es aceptar lo que ocurrió, no podemos cambiar el pasado, solo podemos cambiar cómo lo revivimos en nuestra memoria, poder sanarnos nos permitirá ser más fuertes, ser más conocedores de nosotros mismos y sobre todo protectores.

Esperar una disculpa o un cambio de actitud por parte de quien nos ha lastimado o ha hecho algo que ante nuestros ojos merezca ser perdonado, es darle el poder a otro sobre nuestro estado emocional, probablemente esa disculpa no llegue, probablemente esa persona ni siquiera tenga conocimiento de lo que ha generado en nosotros o bien pueda que jamás cambie. Pero es nuestra responsabilidad y nuestro derecho liberar nuestra mente del dolor, aunque nada alrededor cambie.

Ver las cosas tal y cómo son, aceptar y dejar ir son las tres claves para romper esas cadenas. Nada puede cambiar aquello que vivimos, aunque devolvamos una acción, aunque utilicemos la venganza, inclusive si la otra persona se disculpa o en el peor escenario, dejar de existir en este plano, eso no cambiará lo que vivimos… Lo mejor es aceptar y dejar ir todo pensamiento de dolor… Ya pasó, no podemos hacer más.

Dejemos que el universo aplique sus respectivas leyes, pero sin estar a la expectativa, todo ocurre por una razón, todo lo que vivimos son lecciones, TODOS nosotros, inclusive nuestro agresor, estamos en medio de un proceso de aprendizaje. Hay una ley de causa y efecto y sin nosotros ocupar nuestros pensamientos y sentimientos en algo o alguien, muy probablemente veamos un claro escenario a futuro. Lo importante es que no nos dejemos amarrar nuestro corazón, porque allí estamos permitiendo que nos lastimen permanentemente y eso podría catalogarse como la peor de las agresiones y solo sería nuestra responsabilidad.

Perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón; no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza, y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica (agotadora y vana tarea), que te hace juez y cómplice de lo que te disgusta.
–Facundo Cabral


Fuente: http://rincondeltibet.com/blog/p-perdonar-es-limpiar-los-desechos-que-otra-persona-dejo-en-nosotros-7589


lunes, 8 de mayo de 2017

EL PODER DE LA HUMILDAD

Sería curioso empezar este artículo ahondando un poco en el significado de la palabra “humildad”. La etimología nos dice que humildad procede de “humus”, es decir, aquello que se desprende de la naturaleza y que a su vez la fertiliza y la hace crecer. La humildad sería pues “lo esencial”.

¿Qué es para ti esencial en tu vida? ¿Tu familia, tu trabajo, tus aficiones? Todos disponemos de ese algo que es verdaderamente importante para nosotros, nuestra verdadera esencia. El resto, es simplemente superficial. Pero hay que saber reconocerlo.

En ocasiones, las personas no solo nos rodeamos de cosas artificiales, sino que es posible que hasta nosotros mismos nos hayamos convertido, desgraciadamente, “en seres artificiales”. ¿Cómo evitarlo entonces? ¿Cómo volver a nuestra esencia?

Practicar la humildad

Hay quien dice que la humildad, sencillamente, consiste en callar nuestras virtudes y permitir a los demás descubrirlas por sí mismos. Es cierto, pero la dimensión de la humildad va mucho más allá.

Practicar la humildad y por lo tanto ser humilde se trataría en primer lugar de una sencilla invitación a ver nuestras limitaciones y a saber reconocerlas con el objetivo de aprender.

Por ejemplo, primero hemos de asumir nuestro desconocimiento mediante el cual, asentar esos nuevos aprendizajes, esas nuevas experiencias. Si aceptamos nuestros propios límites tomaremos conciencia de todo aquello que nos queda por hacer o aprender. Quien cree que ya lo sabe todo no irá más allá, la soberbia engulle a la humildad y origina personas engreídas a la vez que resentidas.

Ser humilde no es ser débil o ingenuo, al contrario, nos aporta lucidez y una fuerza particular para ver las cosas en toda su realidad. Bien es cierto que en ocasiones puede ser complicado llegar a ver cuál es la verdadera esencia, el verdadero “humus” de nuestras vidas.

Estamos llenos de obligaciones, de presiones laborales, de proyectos que cumplir, de personas ante las que responder y no defraudar… Tanto que en ocasiones nos sumergimos en una pequeña vorágine de dimensiones donde es complicado entrever lo que de verdad nos aporta la felicidad. Pero es aquí donde empieza la humildad: comprendiendo qué es importe por encima del resto de artificios.

Tu bienestar, tu familia y tú seréis siempre lo más importante. La humildad debe practicarse cada día, y el mejor modo de hacerlo es mediante unas sencillas preguntas: ¿Qué es lo que me hace verdaderamente feliz? ¿Qué es lo que no desearía perder? ¿Qué es lo que podría hacer para conseguir o mantener aquello que quiero?

La humildad en las pequeñas cosas

Las personas humildes no se vanaglorian de sus éxitos. Practicar la humildad es un ejercicio diario que se mueve con la responsabilidad de hacer las cosas bien, de comprometerse, de hacer lo que toca y lo que es necesario, con autenticidad.

Las cosas pequeñas son las que tejen los actos verdaderamente importantes, esos códigos sencillos que tanto nos aportan: una sonrisa, una palabra, un gesto de empatía… códigos que no se compran sino que salen desde lo más profundo de nuestro ser; aspectos que se instalan en nuestra memoria y que nos aportan la verdadera felicidad.

Saber escuchar, saber entender los silencios, ser receptivos, cercanos, cómplices y sinceros, son características que definen a las personas humildes. Esas que tanta confianza nos aportan y donde deberemos buscar a los verdaderos amigos.

El valor de la humildad no requiere objetos materiales, las dimensiones “intangibles” son casi siempre las que nos aportan verdadero bienestar, verdadera felicidad. Y es aquí donde reside la verdadera calidad de vida… en las cosas sencillas. En el “humus” de nuestra esencia, ahí donde logramos desprendernos de todo lo que es superficial.

¿Qué tal si lo ponemos en práctica?


Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/el-poder-de-la-humildad/


sábado, 6 de mayo de 2017

EL AMOR ES MÁS UNA DECISIÓN QUE UN SENTIMIENTO

El amor está sobrevalorado

El tipo de amor al que nos referimos en esta entrada es al amor que se forma en las parejas y que no tiene mucho que ver con el amor incondicional o ágape, ese que reconoce que todos somos parte de lo mismo y que el bienestar del otro es tan buscado como el nuestro. Nos referimos al amor que justifica una unión o una relación.

Escuchamos cientos de veces parejas que se separan, justificándose con frases como: “es que ya no nos amábamos”, “dejamos morir el amor”, “se acabó el amor”, “cuando se acaba el amor nada se puede hacer”… Y todo el protagonismo de la ruptura se la lleva “el amor”, este tipo de amor tiene la ventaja de que puede construirse, puede decidirse y puede acabarse con la misma facilidad con la que una vez se declaró.

Por lo que podríamos decir que lo que se rompe realmente en las parejas es la disposición, son las ganas de trabajar en una relación, es el compromiso por una construcción conjunta. El amor real no depende de las circunstancias, es porque es, se ama porque sí, independientemente de lo que podamos obtener de la persona amada. El amor real no se encarga de llenar vacíos o complementar, eso debería tener otro nombre para no confundirnos.

Este tipo de amores incondicionales no es frecuente en las parejas, puesto que la mayoría de ellas está buscando un sentimiento de bienestar junto a quien está, bien sea emocional, económico, social, familiar, etc. Y no se trata de juzgar este tipo de sentimientos, se trata de entender que lo que mantiene unidas a las parejas es la decisión racional de estar juntos, por lo que si esa decisión en alguna de las partes se modifica, el llamado: amor, comienza a morir.

Durante ese proceso pocos se detienen a pensar a profundidad qué es lo que los está llevando a esa situación, tienen muchas emociones y se confunden entre la desolación, el despecho, la rabia, la frustración o en el mejor de los casos la liberación. Definitivamente todos tienen derecho a cambiar sus decisiones, incluidas aquellas que involucran a otras personas, pero sería de utilidad pensar que nuestro amor no es otra cosa que el resultado de un pensamiento, es decir, un proceso netamente mental y consciente, a donde dirigimos nuestras energías, nuestros recursos, nuestros pensamientos, hacia allá irán dirigidos nuestros sentimientos.

Esto puede sonar pragmático, pero si alguien deja de pensar en positivo de su pareja, la aísla de sus planes, no invierte su tiempo en ella, no dedica su energía, esto es la causa de que “el amor muera”, no la consecuencia. Obviamente las relaciones pasan por diferentes etapas y si la pareja se dispersa y no está clara en lo que conlleva y encierra cada una de ellas, incluyendo la etapa que le sigue a la inicial, donde la química está a flor de piel y las hormonas juegan un papel trascendental, pueden imaginarse que ya no sienten lo mismo, y es verdad, ya no sienten lo mismo, porque no son los mismos en primer lugar y porque han llegado a otro nivel donde hace falta centrarse y apostar por la relación, lo mismo ocurre cuando llegan los hijos, cuando llegamos a los 40 o cuando se presenta una tercera persona que despierta nuestro interés.

Cuando sientas que el amor está muriendo en tu relación, realiza un balance, ve hasta qué punto esa persona es importante en tu vida, si los planes en conjunto valen la pena, si tienen hijos a quienes criar… Y si tu balance da a favor de la relación pues piensa que el amor está sobrevalorado, que no es más que la forma como tú lo quieres ver y que como se ha apagado o mermado, así mismo puede repotenciarse.

Por: Sara Espejo Rincón del Tibet

Fuente: http://rincondeltibet.com/blog/p-el-amor-esta-sobrevalorado-12364


viernes, 5 de mayo de 2017

RECONOCER LOS ERRORES NO NOS HACE MENOS, NOS HACE SABIOS

Una de las acciones más difíciles para el ser humano, es reconocer los errores cometidos, probablemente porque esto implica tener que retractarnos, aceptar las consecuencias y en muchos casos admitir nuestra equivocación ante quienes no deseamos, el caso es que el ego no nos permite vislumbrar el beneficio de admitir y reconocer los errores cometidos, que de todo lo que nos hace, lo principal es que nos hace humanos.

Reconocer nuestros errores habla de nuestra madurez como seres humanos, puede que ello no sea muy sencillo que digamos, pero si lo pones en práctica, con el tiempo descubrirás que es la mejor manera de aprender de la vida, de tu vida.

Me gustan mis errores, no quiero renunciar a la libertad deliciosa de equivocarme.
Charles Chaplin

Aunque no lo parezca, es más liberador que difícil reconocer que nos equivocamos, entonces hagamos el sano ejercicio de pronunciar dos palabras: ¡Me equivoqué! Nadie está exento de equivocarse: El caminar tiene sus tropiezos y caídas, pero esto no significa que haya que dejar de dar pasos.

Equivocarse trae muchas ventajas, si aprendemos a mirar lo que sucede con ojos de sabiduría, los errores son importantes para nuestro bienestar así pueda sonar algo confuso, pero para que estos no pasen en vano por nuestras vidas, es importante registrarles y resarcirles. Duele equivocarnos, pero a veces nos duele más reconocerlo, pues implica aceptación y de seguro tener que enmendar algunas cosas, pero lo más importante y que no solemos apreciar, es que en esta acción hay humildad, bondad, sabiduría y quizás la mayor valentía conocida.

La vergüenza de confesar el primer error, hace cometer muchos otros.
Jean de la Fontaine

Pasamos entonces a tener una mezcla de sentimientos revueltos y aunque deseemos reconocer que nos equivocamos, nos rendimos ante la facilidad del no hacerlo. No nos gusta desacomodarnos, siempre es mejor seguir teniendo la razón así cueste, el orgullo no permite que nos movamos de nuestra posición “privilegiada” y allí nos enredamos y nos desgastamos intentando creer que no nos hemos equivocado, o que si lo hicimos, fue de una minúscula forma: es como si eligiéramos entre la ceguera y el astigmatismo avanzado, vemos tan borroso, que preferimos creer que no hay nada de mancha en el horizonte.

Reconocer nuestros errores no nos hace menos, somos nosotros mismos quienes nos colocamos en situaciones de desventaja frente a los errores y aunque muchas veces traen consecuencias irreparables, tener la tranquilidad de haber dado el paso de aceptación y reconocimiento, no tiene precio alguno.

Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
Charles Dickens

Todo suele suceder por una razón, aunque muchas veces lo entendemos con el pasar del tiempo, las consecuencias y los efectos de las causas, no tardan en manifestarse, es la ley de la vida, es la naturaleza humana y queda en cada uno de nosotros asumir o fingir que nada ocurre para no doblegarnos.

Reconocer los errores te brinda oportunidades y aunque quizás puedas sentirte juzgado, recuerda siempre que tu único juez siempre será la conciencia…

Por: Marvi Martínez

Fuente: http://rincondeltibet.com/blog/p-reconocer-los-errores-nos-hace-24299