Bienvenido Welcome Herzlich willkommen
miércoles, 3 de agosto de 2016
martes, 2 de agosto de 2016
LAVARSE LAS MANOS NO LIMPIA LA CONCIENCIA
Según cuentan los evangelios, Poncio Pilato dejó la
sentencia que marcaría el destino de la vida de Jesús en manos del pueblo. Al
hacerlo, lo que hizo fue renegar de cualquier tipo de responsabilidad sobre lo
que ocurriese: lavarse las manos lo alejaba de las consecuencias de la elección
y de cualquier interés por la situación.
Esta expresión, transmitida a lo largo del tiempo, forma
parte de nuestro lenguaje más cotidiano y se usa, normalmente, con un matiz
negativo: “yo me lavo las manos” o, lo que es lo mismo, “niego todo compromiso
con lo que pueda suceder y me exculpo de antemano”. Como sabemos, se emplea
sobre todo cuando alguien es consciente de que existe una gran presión para que
de todas las opciones que hay detrás de una decisión, se opte por una.
“No soy responsable de la sangre de este hombre”
-Poncio Pilato-
Por eso es una acción que molesta: porque lavarse las manos
es un acto de cobardía que deja caer todo el peso de una situación sobre los
hombros de los demás. Ahora bien, tarde o temprano se paga: es probable que
alivie la carga pero solo lo hará momentáneamente, ya que la conciencia se
ensucia y el comportamiento se mancha.
Es más fácil eludir
responsabilidades que consecuencias
Todas las decisiones necesitan a alguien detrás que responda
por ellas, de otra manera es muy complicado que sean tomadas con
responsabilidad y ética. Esto es algo que tenemos presente, ya que cuando nos
encontramos en alguna situación complicada, puede aparecer la tentación de
compartir el peso de la decisión que no nos gusta.
En estos casos, comunes en el entorno familiar o de trabajo,
lo que ocurre es que alguien elude tomar decisiones, buscar soluciones o
afrontar los malos momentos: requiere menos esfuerzo y es más sencillo. Sin
embargo esa persona se olvida de que, por acción u omisión, está dentro del
problema y las consecuencias terminan llegando.
En otras palabras, mostrar desinterés por algo que le
incumbe no hace a nadie libre de ello y puede que después termine quitándole el
sueño: la conciencia es un valioso juez que valora el comportamiento y
dictamina sus propias sentencias.
Un experimento
científico
Tal y como cuenta el diario ABC, los estudios revelan que
lavarse las manos (literalmente) después de un momento conflictivo reduce el
malestar y justifica la forma de actuar: el agua parece ayudar con el
sentimiento de culpa y con el remordimiento. La Universidad de Michigan realizó
un experimento para comprobarlo.
Lo que hicieron fue dar a un grupo de personas una serie de
CDs y les hicieron ordenar diez en base a sus preferencias: tras ello se les
dijo que tenían que elegir para ellos el que habían puesto en quinta posición o
bien el que habían puesto en sexta posición. Acto seguido, la mitad de los
participantes se lavó las manos con jabón y la otra mitad examinaron un bote de
jabón. Cuando terminaron, los dos grupos tuvieron que re-ordenar los CDs.
Los que habían pasado sus manos por el agua mantuvieron su
orden inicial de CDs, mientras que los que no lo habían hecho colocaron el CD
que habían elegido entre los primeros y el que habían descartado entre los
últimos.
Los investigadores entendieron que aquellas personas que se
habían lavado las manos no tenían la necesidad de justificar la decisión que
habían tomado entre los dos CDs, sin embargo los que no se lavaron las manos
re-ordenaron los CDs porque tenían la necesidad de justificar su decisión.
Pusieron al que había elegido como mucho más preferido que la que habían
descartado.
Lavarse las manos no
es tenerlas limpias
En el mismo sentido que el experimento podría encontrarse el
uso del agua en ambientes religiosos: un símbolo de purificación del alma que
ayuda a redimir los pecados. Entonces es probable que la expresión, desde
Poncio Pilato, no solo recogiera la acción de quitarse responsabilidades sino
también de disminuir los remordimientos por ello.
Sin embargo, en la práctica lavarse las manos no siempre las
limpia: todos hemos cometido alguna vez el error de querer desentendernos de
algo, incluso por la sencilla razón de que nos estaba superando. Lo cierto es
que, después, esa decisión nos ha acompañado como un lastre con el que hemos
tenido que luchar.
“La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo”
-Shakespeare-
Tener una mala conciencia, de hecho, es como tener un mal
amigo del que es casi imposible liberarte. La moral ética nos hace darnos cuenta
de que no hemos actuado bien y no nos deja descansar tranquilos hasta que no
hemos recuperado nuestra paz interior. La conciencia cuando se ensucia nos
enseña a crecer con los errores, a ganar en solidaridad y a renovar valores.
Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/lavarse-las-manos-no-limpia-la-conciencia/
lunes, 1 de agosto de 2016
domingo, 31 de julio de 2016
ALIMENTACIÓN
EMOCIONAL, LA COMIDA QUE “LLENA EL VACÍO”
Comer dulces tras una ruptura amorosa, devorar la comida en
momentos de tensión, excedernos en las cantidades a pesar de que es suficiente
para nuestro cuerpo, etc. Esa es la alimentación emocional, una costumbre para
la cual no hay mejor definición que los ejemplos.
Creemos que “ser personas normales” equivale a estar en
estado de alerta respecto a la comida, que debemos tener terror al chocolate y
a la nata, convencidos de que si pudiésemos llegar a manejar “esa feroz hambre
interior” alcanzaríamos la armonía. Extraemos de aquí que en muchas ocasiones
comer se convierte en una metáfora entre la forma en que vivimos y la manera en
la que gestionamos nuestras emociones.
Sin embargo, en muchos casos de ingesta compulsiva la comida
funciona como una cortina de humo que no nos deja ver el verdadero problema: la
pérdida de control emocional por la necesidad de llenar el vacío relativo a
otros ámbitos de nuestra vida.
La relación entre las
carencias afectivas y la comida
La comida se puede convertir en sustituta del equilibrio
emocional. ¿Cuántas veces hemos pagado nuestras frustraciones dándonos un
atracón o comiendo helado de chocolate? La compulsión que nos guía a la hora de
comer es, muchas veces, la desesperación a nivel emocional.
Las dietas no funcionan porque la comida y el peso son los
síntomas, no el problema. Digamos que el hecho de concentrase en el peso es una
manera de no prestar atención a las razones por las cuales tantas personas
recurren a la comida cuando tienen hambre. Esto, naturalmente, es reforzado por
nuestra sociedad, la cual focaliza su atención en los kilos de más y en las
calorías consumidas.
Parece, además, que la pérdida de peso y la consecución de
una figura bonita provocará en nosotros la liberación emocional de los hechos
dolorosos que hoy nos atormentan. Geneen Roth, autora especializada, hace
hincapié en que el exceso de peso es, en sí mismo, un síntoma y que aunque
logremos variarlo si no atendemos a las razones de fondo seguiremos
sintiéndonos desdichados (y generando grandes fluctuaciones). Os acerco un
pasaje que ilustra muy bien esta cuestión:
Alguien acudió una vez a uno de mis seminarios después de
haber perdido treinta y cuatro kilos haciendo dieta. Se plantó delante de
ciento cincuenta personas y dijo con voz temblorosa:
—Me siento como si me hubieran robado. Me han arrebatado el
mejor de mis sueños. Yo creía realmente que al perder peso, mi vida cambiaría.
Pero lo que ha cambiado en mí ha sido solamente lo externo. El interior
continúa siendo el mismo. Mi madre sigue estando muerta, y sigue siendo cierto
que mi padre me pegaba cuando era pequeña. Todavía estoy enojada y me siento
sola, y ahora ya no tengo la ilusión de adelgazar.
El círculo vicioso de
la alimentación emocional
De alguna manera la preocupación por nuestro cuerpo
enmascara preocupaciones aún más profundas, alimentando esto un círculo vicioso
de preocupaciones que no se resuelven y que frenan nuestra capacidad de crecer
y desarrollarnos.
Para algunos autores el verdadero problema del exceso de
peso y de la alimentación emocional es que la comida se convierte en sustituta
del amor. Así, como afirma Geneen Roth, “Si dejamos de alimentar al niño
maltratado que hay en el interior del adulto solitario podremos nutrir el amor
y dar lugar a la intimidad.
De esta manera liberaremos el dolor de la vida pasada y nos
instalaremos definitivamente en el presente. Sólo si nos concedemos un espacio
para la intimidad y el amor aprenderemos a disfrutar de la comida y dejaremos
de usarla como un sustituto”.
En ciertos momentos creemos que comer nos salvará de nosotros mismos,
del odio que sentimos, de la angustia de ser quiénes somos y lo de que nos
provoca todo aquello que es y no queremos que sea. Esto es una especie de
pensamiento mágico que refuerza un círculo vicioso que nos atormenta.
Cuando comemos de manera desequilibrada estamos cuidando mal
de nosotros mismos y de nuestro presente. Pero, como decimos, desahogarnos a
través de la comida y subir de peso es, muchas ocasiones, solo un síntoma que
se recrea en un círculo vicioso. Así, en este sentido, cada vez que comemos de
manera compulsiva, estamos reforzando la creencia de que la única forma de
tener lo que queremos es dándonoslo nosotros mismos a través de la nutrición.
Por eso, cada vez que damos pie a una ingesta excesiva como
consecuencia de un desequilibrio emocional, reforzamos esa desesperanza
asociada a nuestro problema que provoca un descontrol aún mayor. Un círculo
vicioso en toda regla que se retroalimenta una y otra vez, pues la necesidad de
comer nos grita cada vez más, “tapando” así el problema de origen.
La alimentación emocional, sobreingesta o desequilibrio nutricional nos
sirve muchas veces como sostén imaginario; o sea que podemos llegar a usar la
comida para mantener en pie las cuatro paredes de nuestra casa.
Aumentar y bajar de peso o estar siempre a dieta es como
estar en una montaña rusa emocional de manera constante. Una persona que usa la
comida para guarecerse se embriaga sin cesar a través del caos, de la
intensidad emocional y del dramatismo. Porque, como hemos comentado, comer
compulsivamente refleja la escenificación del sufrimiento.
Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/alimentacion-emocional-la-comida-que-llena-el-vacio/
sábado, 30 de julio de 2016
viernes, 29 de julio de 2016
ES HORA DE ENFRENTAR
NUESTROS DEMONIOS INTERNOS
“Todos cargamos con nuestros demonios todos los días, sólo que algunos
los tienen encerrados en botellas porque no saben cómo lidiar con ellos.”
— Revaunde
Hoy quiero hablar de los demonios, más específicamente
aquellos demonios internos que todos tenemos. No, ¡no te asustes! No son
enemigos que hay que vencer, son simplemente aspectos de la vida que es
necesario dominar, y que de hecho pueden ser dominados. Estos demonios tienen
como labor exclusiva sabotear todos nuestros intentos por tener éxito, dejar
viejos vicios inútiles y adquirir nuevas costumbres que nos llevan al triunfo.
A lo largo de nuestra vida, vamos asimilando vivencias,
recuerdos, experiencias, frustraciones, sinsabores, alegrías, tristezas… Y así
la lista sigue haciéndose enorme pues a cada momento nuestro organismo está en
contacto con el medio y se encuentra creando registros de lo que acontece
dentro y fuera de nosotros. Muchas de estas cuestiones asimiladas se convierten
en introyectos (lo cual significa hacer nuestra una idea, una emoción, un
pensamiento), y al volverse introyectos, se vuelven inconscientes. Es decir,
son sepultados en lo más recóndito de nuestra memoria, pero no por eso dejan de
influenciarnos, pues queramos o no el inconsciente tiene una enorme injerencia
en nuestra vida, al punto que a veces llamamos a algunos actos realizados bajo
su influjo como acciones realizadas por “casualidad”…
Ahora bien, este cúmulo de situaciones almacenadas en
nuestro interior no son fácilmente identificables y accesibles, solamente se
expresan bajo circunstancias concretas y particulares en las que las
posibilidades de aprender son maravillosamente enormes. Volviendo a esos
introyectos, por el hecho de ser inconscientes y gobernar nuestra vida en el
plano inconsciente, están revestidos de una cara oscura debido a que pueden
hacer colapsar el estado de equilibrio en que nos encontramos al jugar
totalmente en nuestra contra, en detener nuestra progresión. Precisamente estos
introyectos de situaciones tristes, dolorosas o desagradables no elaborados o
superados, se convierten con el paso del tiempo, en nuestros DEMONIOS INTERNOS.
Los demonios internos son aquellos miedos que nacen en el
interior de una persona y que a lo largo de su vida se desarrollan hasta
hacerlos poderosos por los atributos conferidos. El miedo es energía, una
energía poderosísima que logra paralizarnos y si le damos cabida puede
comprometer nuestro futuro y bloquear nuestra capacidad para triunfar. Y es
precisamente así, al abrigo del miedo y del temor que se presentan nuestros
demonios internos.
Nos paralizamos ante una persona hermosa, nos paralizamos
ante una oportunidad de trabajo, al hablar en público y tener que presentar un
proyecto, nos nublamos, no podemos pensar con claridad y terminamos
equivocándonos, o peor aún, no atreviéndonos.
Esto nos explica que los demonios no sólo se limitan a seres
malignos o a los ángeles caídos, sino que, son las emociones destructivas que pueden
hacer verdaderos estragos en nuestras vidas convirtiéndonos en personas
infelices, e incluso hasta perversas. De ahí, la importancia que desde la muy
tierna infancia nuestros padres o bien las personas que están a cargo de los
infantes sean personas con una inteligencia emocional buena; esto es
emocionalmente competente para guiarnos en el control y canalización de
nuestras emociones.
Todos, absolutamente todos, tenemos nuestros demonios
personales, que se vinculan a hechos muy puntuales en nuestra historia y con
nuestros puntos débiles. Aparecen para distraernos en nuestro camino, para
impedirnos progresar y mejorar. Ellos nos hablan al oído y nos empujan a hacer
cosas absurdas, insensatas o de plano estúpidas.
Ahora bien, como buenos seres humanos, siempre tenemos un
pretexto para justificar el por qué dejamos a esos demonios instalarse en
nuestra vida. Generalmente apelamos a alguna carencia, que en teoría es
subsanada por nuestro erróneo comportamiento: “Es que estoy muy solo”; “Nadie
me comprende”; “Perdí la cabeza y disparé(metafóricamente)”; “La suerte nunca
está de mi lado”, etc.. Hay tantas excusas como miserias humanas. Pero
generalmente apelamos a que nos falta algo para disculpar o al menos argumentar
el surgimiento de nuestros diablillos
¿Cómo se manifiestan
estos demonios?
Estos demonios manifestados en tipo de frecuencias o
emociones de baja vibración, una vez que entran en nuestras vidas van mermando
nuestro tono emocional y poco a poco nos marchitamos como una flor. Perdiendo
la alegría de vivir, no hay armonía en nuestras relaciones y cada vez nos
alejamos más de conseguir nuestros sueños. Entre las frecuencias mas comunes
están: la culpa, la inseguridad, los vicios, el miedo, el narcisismo, los
traumas, la ansiedad, la timidez excesiva, el egoísmo, la ira, la tristeza, la
vanidad, la envidia, la soberbia, la anorexia, la bulimia, la preocupación, la
pereza, la depresión, la vergüenza, la desconfianza entre otras tantas.
¿Y qué hacer para lidiar, combatir o debilitar a estos
demonios internos?
Primeramente, es importante hacer un balance de nuestras
vidas y ver en que áreas nos están afectando y luego pasar a la acción para
excluirlas. Reconocer y saber que demonios están causándonos mal no es
suficiente, hay que combatirlos mediante el cambio. Y este consiste en una
nueva forma de pensamiento, es decir, reprogramarnos positivamente. Los
resultados más inmediatos que obtendremos son que nuestras actitudes dejaran de
ser temperamentales, y nos conduciremos con mayor mesura e inteligencia. Necesitamos
también una buena dosis de fe, de voluntad y de amor. Y es precisamente, este
último nuestro mejor antídoto para luchar contra estos demonios. Si el amor
esta presente en nuestras vidas hasta las pruebas más adversas las encararemos
con gran fortaleza. Cabe recordar, que en esta guerra contra los demonios
internos el papel de nuestra autoestima juega un papel primordial.
No olvides que el conocimiento de uno mismo es el método más
valioso para poder identificar a estos demonios que llevamos dentro, para
vencerlos y procurar que esa cara oscura se convierta en energía creadora, en
energía capaz de ayudarnos a sobreponernos a las adversidades por muy duras que
sean. ¡Pero ojo! Este conocimiento es doloroso, viajar a lo más recóndito de
nuestra estructura personal y mental puede ser peligroso para nuestro yo
interno porque conocerás cosas de ti que no sabías quizá que existían, pero es
un viaje que debemos emprender si lo que queremos es evolucionar como personas,
si queremos vencer nuestros límites y llevarlos más allá.
Es una lucha tremenda, a brazo partido, un choque titánico
que requiere mucho esfuerzo de parte nuestra; nos exige la apuesta más alta,
apostar por nosotros mismos a pesar de todo… Cada poco que intentemos avanzar
para combatir o dominar a un DEMONIO INTERNO, todos los demás se unen y
conspiran, buscarán derribarnos, detenernos, herirnos en el lugar que más nos
duele; sin embargo, a pesar de esos golpes y ese dolor que nos hace caer, no
podemos hacer otra cosa sino levantarnos para seguir avanzando. Que va a
costar, claro que sí. Que es difícil, muchísimo. Que en el camino podemos
pensar abandonar, puede que sí, pero si abandonas te condenas a vivir bajo el
temor y la duda que siembran nuestros DEMONIOS INTERNOS.
A pesar del enorme dolor que significa volver a abrir
heridas del pasado para derribar nuestros DEMONIOS INTERNOS hay buenas
noticias, cada vez que nos levantamos de sus intentos por derribarnos con
terribles golpes que nos infringen las heridas más horribles, nos volvemos más
fuertes, más estables, menos temerosos y más aptos para continuar la lucha. ¿Y
qué pasa con ellos? ¡SE DEBILITAN Y DEJAN DE JODERTE LA VIDA! TE PERMITEN SER
FELIZ, O AL MENOS INTENTAR IR EN BUSCA DE LA FELICIDAD…
“Hace un tiempo que no recorría estos pasillos de demonios y
sombras, pero de vez en cuando es sano quemarse un poco en tu propio infierno,
te recuerda a dónde puedes regresar si vuelas muy alto o muy bajo.”
Fabian Malaver
Escrito por: KarlaGalleta
Fuente: https://soyespiritual.com/autoconocimiento/enfrentar-demonios-internos.html
jueves, 28 de julio de 2016
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






