jueves, 24 de marzo de 2016

HEREDAMOS POR EL ADN LAS EXPERIENCIAS DE NUESTROS ANTEPASADOS

Vamos a plantear una pregunta con cierta ingenuidad: ¿cómo sabe el ADN humano dónde colocar sus piezas para crear exactamente un ser humano particular? No hablamos de un individuo de la especie humana sino a una persona concreta, hijo o hija de ciertos padres, descendiente de cierta genealogía.

De primera impresión podríamos pensar que la naturaleza trabaja sobre un cuadro básico de ingredientes, los cuales apenas sufren modificaciones a lo largo del tiempo. Pero según la investigación de un par de biólogos canadienses, las historias de vida (hábitos, estados emocionales, traumas psicológicos) de nuestros descendientes modifican y otorgan a nuestro material genético un grado extra de precisión.

La historia resumida comienza así:

Un neurólogo y un biólogo entran a un bar, toman un par de tragos y hablan con ligereza de sus respectivas líneas de investigación –al salir han creado un nuevo campo de la genética. Aunque no lo crean, esto es lo que les ocurrió en un bar de Madrid a Moshe Szyf (biólogo molecular y genetista de la McGill University en Montréal) y a su amigo Michael Meaney, neurobiólogo de la misma universidad.

Desde la década de los 70, los genetistas saben que el núcleo de las células utiliza un componente estructural de las moléculas orgánicas, el metilo, para saber qué piezas de información hacen qué –por decirlo así, el metilo ayuda a la célula a decidir si será una célula del corazón, del hígado o una neurona. El grupo metilo opera cerca del código genético, pero no es parte de él. Al campo de la biología que estudia estas relaciones se le llama epigenética, pues a pesar de que se estudian fenómenos genéticos, estos ocurren propiamente alrededor del ADN.

Los científicos creían que los cambios epigenéticos se producían sólo durante la etapa del desarrollo fetal, pero posteriores estudios demostraron que de hecho algunos cambios en el ADN adulto podían resultar en ciertos tipos de cáncer. En ocasiones los grupos metilo se ajustan al ADN debido a cambios en la dieta o a la exposición a ciertas sustancias; sin embargo, el verdadero descubrimiento comenzó cuando Randy Jirtle de la Universidad de Duke demostró que estos cambios podían ser transmitidos de generación en generación.

Si esta jerga genetista es ardua para algunos, digamos que Szyf y Meaney simplemente desarrollaron una innovadora hipótesis mientras tomaban un par de cervezas: si la alimentación y los químicos podían producir cambios epigenéticos, ¿era posible que experiencias como el estrés o el abuso de drogas también pudieran producir cambios epigenéticos en el ADN de las neuronas? Esta pregunta fue el punto de partida para un nuevo campo en el estudio de la genética: la epigenética conductual.

Según este nuevo enfoque, las experiencias traumáticas de nuestro pasado así como las de nuestros ancestros inmediatos dejan una suerte de heridas moleculares adheridas a nuestro ADN. Cada raza y cada pueblo, así, llevaría inscrito en su código genético la historia de su cultura: los judíos y la Shoah, los chinos y la Revolución Cultural, los rusos y los GULAG, los inmigrantes africanos cuyos padres fueron perseguidos en el sur de Estados Unidos, o bien una infancia de maltratos y padres abusivos –todas las historias que podamos imaginar están influídas por nuestros antecesores.

Desde este punto de vista, las experiencias de nuestros ancestros modelan nuestra propia experiencia de mundo no solamente a través de la herencia cultural sino a través de la herencia genética. El ADN no cambia propiamente, pero las tendencias psicológicas y de comportamiento se heredan: así, puede que no sólo tengas los ojos de tu abuelo, sino también su mal carácter y su tendencia a la depresión.

Así como la magia y las terapias psicodramáticas afirman que para curar a una persona es preciso revisar su árbol genealógico, la genética actual comienza a abrirse paso en un nuevo campo que podría hacer que las “maldiciones familiares” sean cosa del pasado.




domingo, 20 de marzo de 2016

LA VIDA ES UN RÍO QUE SIEMPRE ESTÁ EN MOVIMIENTO

La vida es un río que fluye, un río que siempre está en movimiento, en acción, en continuo cambio y progreso. Por este motivo nunca debería parar, aunque es algo que sí ocurre. ¿Por qué? ¿Por qué de repente ese río deja de fluir?

Debemos destacar que solo nosotros podemos tomar el mando de nuestra vida. Es nuestra y, por lo tanto, tenemos el poder de que esta se encuentre en movimiento o, por el contrario, de que todo se paralice. Sin darnos cuenta, pero habiéndolo decidido así, ese río se convierte en agua estancada.

“Lo realmente importante es luchar para vivir la vida, para sufrirla y para gozarla, perder con dignidad y atreverse de nuevo. La vida es maravillosa si no se le tiene miedo.”
-Charles Chaplin-

Atrapados en el agua estancada

A veces no lo podemos evitar. Por situaciones que nos afectan, por experiencias que vivimos, nuestra vida deja de fluir y nos encontramos paralizados, sin expectativas de futuro. Esta situación es muy incómoda, aunque hay personas que se acostumbran a ella. Seguro que conoces a alguien que prefiere quedarse sentado en una piedra, aunque esté incómodo, antes que hacer el esfuerzo de levantarse.

Bajo esta incomodidad maquillada, lo cierto es que raramente obtenemos algo positivo de quedarnos quietos, esposando de esta manera a la sensación de que avanzamos en el desarrollo de nuestro potencial. Sin progreso no podremos lograr aquello que nos refuerce y nos haga sentir mejor.

Pero, ¿por qué nos estacamos? Quizás porque la lucha continua a veces produce un cansancio mayor del que somos capaces de levantar, quizás porque nos sentimos superados por las equivocaciones y los errores.

Debemos usar el tiempo sabiamente y darnos cuenta de que siempre es el momento oportuno para hacer las cosas bien.”
-Nelson Mandela-

Nunca es una buena opción quedarse en este agua estancada durante mucho tiempo, tarde o temprano deberás salir, pues la vida es un río que siempre está en movimiento. Además, ten siempre en cuenta que eres tú quien elige si tu vida fluye o no. En ti reside toda la responsabilidad.

Exprimir la vida al máximo

Reconocemos el valor de vivir cada minuto como si fuera el último, pero al mismo tiempo nos resistimos a cuestionar la certeza profunda de que nos queda suficiente tiempo por delante. Si miramos nuestra agenda, probablemente descubriremos que la rutina, las obligaciones y todos los problemas que nos abordan, nos acaban sometiendo. De esta manera, dejamos de darle la importancia que debiera a nuestra vida.

Muchas veces, exprimir la vida al máximo es sencillo, el problema es que no sabemos cómo hacerlo. Mira a tu alrededor y sopesa con el corazón el valor que tiene todo aquello que ves, con calma, con la misma con la que te detendrías a ver el paisaje si te despertaras en una habitación con vistas al mar, al bosque o a la montaña.

“La vida es un río, un cauce que se encuentra siempre en movimiento, en acción, y que nadie excepto tú puede detener.”
-Anónimo-

Estás vivo y tienes sueños que conquistar

Sumergirnos en la rutina y en las responsabilidades, a veces provoca que nos acostumbremos a tener la conciencia dormida y puesto el piloto automático. Con la anestesia de nuestra conciencia duermen también nuestras emociones e ilusiones, estando lejos de jugar el rol de suministradores de energía.

A veces es necesario hacer un parón en nuestra vida, un momento para dar respuesta a las preguntas que de alguna manera tememos, porque sentimos que nos quedan como los zapatos de nuestros padres cuando eramos pequeños. El problema es que si no le damos una respuesta, será la fortuna y los demás quienes las contesten por nosotros.

No utilices los parones para estancarte. Si detienes el barco, no es para dejarlo de nuevo  en manos de las fuerzas de la marea, es para hacerte con un timón que sentía perdido y bloqueado. No olvides que el movimiento es una fuente de placer.

“Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir siempre.”
-Mahatma Gandhi-

Ten en cuenta que no estás aquí para desperdiciar tu existencia, ya que solo tenemos una. Si te encuentras atrapado, busca la manera de soltarte y continuar experimentando. A veces, nos enjaulamos porque tenemos miedo o porque hemos pasado por malas experiencias.

¿Sabes cómo se identifican las personas que se encuentran enjauladas de las que no? Estas no son felices. Es imposible encontrar la verdadera felicidad si no sales, si no vives tu vida. Sal de tu jaula. Vive, experimenta, sufre y nunca, nunca, renuncies a tus sueños. La vida es un río que debes mantener siempre en movimiento.




sábado, 19 de marzo de 2016

5 MARAVILLOSOS MICRORRELATOS BUDISTAS QUE TE HARÁN MÁS SABIO

Budismo proviene de la palabra “budhi”, que significa despertar. Por esa razón, la filosofía budista se considera la filosofía del “proceso de despertar”. Un proceso por el que no solamente abrimos los ojos, sino también el resto de sentidos y nuestro intelecto, de una forma plena a través de diferentes maneras como los microrrelatos budistas.

Con estos cinco microrrelatos budistas, te animamos a dejar atrás la apatía, desarrollar una mayor comprensión y convertirte en una persona más sabia. Esperamos que los disfrutéis y exprimáis la sabiduría que conllevan.

El budismo enseña que, aparte de cultivar el amor y la bondad, deberíamos tratar de desarrollar nuestra capacidad intelectual para alcanzar un claro entendimiento.

La taza de té

“El profesor llegó a la casa del maestro zen y se presentó haciendo alarde de todos los títulos que había conseguido en sus largos años de estudio. Después, el profesor comentó el motivo de su visita, que no era otro que conocer los secretos de la sabiduría zen.

En lugar de darle explicaciones, el maestro le invitó a sentarse y le sirvió una taza de té. Cuando la taza rebosó, el sabio, aparentemente distraído, siguió vertiendo la infusión de manera que el líquido se derramaba por la mesa.

El profesor no pudo evitar llamarle la atención: “la taza está llena, ya no cabe más té”, le advirtió. El maestro dejó la tetera a un lado para afirmar: “Usted es como esta taza, llegó colmado de opiniones y prejuicios. A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada”.”

El primero de estos cinco microrrelatos budistas nos enseña que con una mente llena de prejuicios es imposible aprender y tomar en consideración nuevas creencias. Es necesario “vaciarnos” de viejos preceptos y estar abiertos a nuevas enseñanzas.

El regalo

“Buda estaba trasmitiendo sus enseñanzas a un grupo de discípulos cuando un hombre se le acercó e insultó, con intención de agredirlo. Ante la expectación de los allí presentes, Buda reaccionó con absoluta tranquilidad, quedándose quieto y en silencio.

Cuando el hombre se fue, uno de los discípulos -indignado por tal comportamiento-, preguntó a Buda por qué había dejado que aquel extraño lo maltratara de ese modo.

Buda respondió con serenidad: “si yo te regalo un caballo pero no lo aceptas, ¿de quién es el caballo?”. El alumno, tras dudar un instante, respondió: “Si no lo aceptase, seguiría siendo tuyo”.

Buda asintió y le explicó que, aunque algunas personas decidieran gastar su tiempo regalándonos insultos, nosotros podíamos elegir si queríamos aceptarlos o no, como haríamos con cualquier otro regalo.”Si lo coges, lo aceptas, y si no, el que te insulta se queda con el insulto en sus manos”.”

No podemos culpar al que injuria porque es decisión nuestra aceptar sus palabras en lugar de dejarlas en los mismos labios de los que salieron.

Los monjes budistas y la mujer hermosa

“Dos monjes budistas, uno viejo y otro joven, paseaban fuera del monasterio, cerca de una corriente de agua que había inundado los alrededores. Una hermosa mujer se acercó a los monjes y les pidió ayuda para atravesar el aguazal.

El monje joven estaba horrorizado ante la idea de llevarla en sus brazos, pero el viejo con total naturalidad la tomó y llevó al otro lado. Después, los monjes continuaron caminando.

El joven no podía dejar de pensar en el incidente y finalmente exclamó: “¡Maestro!, usted sabe que hemos jurado abstinencia. No nos permiten tocar a una mujer así.” ¿Cómo pudo usted tomar a la hermosa mujer en brazos, dejarle poner las manos alrededor de su cuello, los pechos junto su pecho, y llevarla a través del aguazal así?”. El anciano le respondió: “¡Hijo mío, usted todavía la lleva encima!”.”

El tercero de estos microrrelatos budistas nos ayuda a entender que a veces cargamos con el pasado, con emociones de culpa o resentimiento, y lo hacemos más pesado de lo que en realidad fue. Aceptando que el incidente no forma parte de nuestro presente, podemos quitarnos un gran peso emocional de encima.

Inteligencia

“Una tarde la gente vio a una anciana buscando algo en la calle fuera de su choza. ¿Qué pasa, qué buscas?, le preguntaron. Perdí mi aguja – dijo ella. Todos los presentes comenzaron a buscar la aguja con la anciana.

Al paso del tiempo alguien comentó: La calle es larga y una aguja algo muy pequeño, ¿porqué no nos dices exactamente dónde se te cayó? Dentro de mi casa – indicó la anciana.

¿Te has vuelto loca? Si la aguja se te ha caído dentro de tu casa, ¿porqué la buscas aquí fuera? – le dijeron. Porque aquí hay luz, pero dentro de la casa no, resolvió ella.”

El cuarto de los microrrelatos budistas nos recuerda que muchas veces, por comodidad, buscamos en el exterior lo que reside en nuestro interior. ¿Por qué buscamos la felicidad fuera de nosotros? ¿Acaso la hemos perdido allí?

No somos los mismos

“Nadie como Buda desarrolló la benevolencia y la compasión en su época. Entre sus primos, se encontraba el malvado Devadatta, que siempre se encontraba celoso del maestro y empeñado en dejarlo en mal lugar, incluso dispuesto a asesinarlo.

Un día que Buda estaba paseando tranquilamente, su primo Devadatta le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina. La roca cayó al lado del Buda y Devadatta no consiguió terminar con su vida. Buda, aun dándose cuenta de lo sucedido, permaneció impasible, sin ni siquiera perder la sonrisa.

Días después, Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido, Devadatta preguntó: “¿No estás enfadado?”. “No, claro que no”, aseguró Buda.

Sin salir de su asombro, Devadatta inquirió: “¿Por qué?” Y Buda aseguró: “Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada”.

“Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable.”
– Krishnamurti –